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La relación con los animales sigue en evolución. A medida que pasan los años, más y más personas entienden que se trata de seres sintientes, que merecen respeto y tienen derechos. Eso implica, necesariamente, un cambio a prácticas que se han realizado durante años. También es fundamental que algunas decisiones difíciles se tomen. Un proyecto de ley que se aprobó en primer debate en Colombia, sumado a una decisión adoptada en Francia, señalan el camino hacia un futuro cercano donde reconozcamos la justa importancia que tienen los animales en nuestras vidas y como sociedad.
En medio de burlas en redes sociales, que muestran cómo los prejuicios en este tema tienen que desarmarse, se aprobó en la Cámara de Representantes un proyecto de ley construido desde la empatía. De convertirse en norma, catalogaría como calamidad doméstica la muerte de mascotas. Antes, incluso, proponía reconocer una licencia remunerada a las personas que pasaran por la muerte de uno de estos seres que las acompañan. Sin embargo, por acuerdo político se prefirió que sean las empresas las que decidan cuántos días (máximo tres) podrá tomarse un trabajador en caso de que muera su mascota.
Las burlas son injustas. Se trata de un proyecto esencial. Cualquier persona que haya convivido durante años con un animal doméstico sabe lo importante de poder llevar el duelo. No es exageración decir que, para muchos colombianos, las mascotas son parte de su familia. En algunos casos, son la única compañía con la que se cuenta. Las relaciones que se construyen con ellas son tan fuertes como las que surgen entre humanos. Es lógico, entonces, que la muerte sea una experiencia difícil. Que las empresas y la ley reconozcan esta realidad es un acto de humanidad, de profunda empatía, de reconocer la importancia que estos seres sintientes tienen. También, del valor que le traen a la sociedad al servirnos de compañía. Esperamos que el Congreso siga adelante con la medida y se convierta en ley.
La discusión en Francia va más allá. En medio de una ley que refuerza el castigo al maltrato animal y prohíbe el uso de animales en circos, se toma una decisión contundente: a partir de enero de 2024 no se podrán vender perros y gatos en las tiendas de animales. Como bien dijo el ministro de Agricultura francés en su cuenta de Twitter, según DW, las mascotas no son “juguetes, ni bienes, ni productos de consumo”. Lo dicho: es el reconocimiento de seres sintientes que tienen derechos y merecen respeto.
La venta de animales fomenta pésimas prácticas. La crianza de ciertas razas se ha hecho a costa de la salud de los animales. Abundan los criaderos en condiciones deplorables que solo utilizan a ciertos animales para reproducirlos y venderlos. Son condenados a una vida de tortura y malos tratos. ¿Por qué permitir que esos tratos continúen?
En diciembre es común que se compren y vendan animales, para luego ser abandonados. Por eso es el momento de adoptar. De entender que el compromiso con un ser sintiente parte desde el respeto y la responsabilidad. Debemos seguir desmantelando las viejas prácticas de maltrato animal que hemos normalizado.
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