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Un viaje que se suma a una larga lista de viajes que ha emprendido Santos para fortalecer la política exterior colombiana, en donde, hasta ahora, ha tenido bastante éxito. Los astros parecen sonreírle al presidente: no solamente por el restablecimiento de las complicadas relaciones con nuestros países vecinos, como en Venezuela con Hugo Chávez, en Ecuador con Rafael Correa o en Unasur, trascendiendo los conflictos ideológicos, sino también por el posicionamiento de Colombia en un mapa geopolítico mucho más amplio, a saber: la firma del TLC con los Estados Unidos o el viaje por Asia que emprendió hace poco.
No es apresurado decir que Colombia está en un camino progresivo para convertirse en un referente internacional de este hemisferio. Los líderes de los otros países están, cada uno, inmersos en sus propios problemas y atendiendo estrictamente a situaciones de índole nacional (Venezuela o Argentina, e incluso el mismo Brasil una vez se fue Lula da Silva, son ejemplos de esta situación). Si bien Santos está acá, atendiendo no pocos problemas, también sale al exterior. Y mucho.
La alianza con Turquía no es gratuita. Muchos se preguntarán qué, de la relación con este lejano y desconocido país, puede representar para Colombia algo positivo. La verdad es que mucho. Turquía se está volviendo un referente en esa otra parte del mundo: su economía crece, su comercio también, sus jefes de Estado han demostrado que se puede tener un gobierno musulmán moderado y, si bien estuvo más cercano a los países occidentales en los ataques a los líderes pasados de esa región, es un actor estratégico y bien parado frente a los gobiernos venideros después de dichos derrocamientos. Turquía es un gancho muy importante entre Occidente y Oriente, y eso lo han sabido leer con habilidad el presidente Santos y la canciller Holguín.
Con una alianza entre estos dos países (que con cada día que pasa se cocina mucho mejor) se tejen tres asuntos rescatables: el primero, una política exterior independiente, que no tiene como referente único a Estados Unidos –demostrando entendimiento de la multipolarización del mundo–; el segundo, la trascendencia de las fronteras regionales y el posicionamiento internacional a gran escala; y por último, el acercamiento con regiones lejanas, abriendo puertas para más alianzas internacionales y el abandono del rezago en política exterior. Con esto, Santos podría identificar más aliados estratégicos tales como India o Sudáfrica.
El balance de esta nueva incursión es, pues, positivo. Abrir una embajada en Turquía es, por ejemplo, un asunto que estaba en mora de hacerse desde hace mucho tiempo. Entre más aliados tenga Colombia menos dependiente estará frente a Estados Unidos, afirmando una autonomía (en términos no ideológicos) de su política exterior. Y con esta alianza se viene mucho más comercio exterior con un país que está emergiendo de forma considerable en el escenario internacional como una economía fuerte. Hizo bien Santos en mirar hacia el otro lado del mundo. Sólo esperamos que con esta puedan ser muchas más las veces en que se afianzan relaciones con países de los que la mayoría desconoce una importancia notable. Santos va a Oriente, donde hay un renacer total, no sólo en términos democráticos sino también económicos. Los astros han estado alineados en su mandato y, por el bien del país y su política exterior, ojalá sigan así. Con un buen tino y a paso lento, Colombia podría convertirse en un referente más de esta región del mundo.