Los derechos de los ateos

Pese a denominarse “El país del Sagrado Corazón de Jesús” y pese a que la mayoría de habitantes son creyentes, en Colombia hay miles de personas que no profesan fe alguna y que merecen que las autoridades respeten sus opiniones.

Hay que recordar que los ateos tienen derecho a la libertad de culto: pese a estar protegidos por la ley, sin embargo, algunos son discriminados por sus opiniones.

Es el caso de la familia Ariza Ardila, que tuvo que llegar, incluso, a instancias judiciales para que se supiera de las agresiones en contra de su hija menor por el simple hecho de que su padre le hubiera solicitado a una de sus profesoras que la apartara de la clase de religión. Los demandantes señalan que la menor fue apartada y que el acoso fue tal que en un momento la menor le dijo a su padre que pensaba suicidarse “porque nadie la quería”. Lo que hizo que sus padres la retiraran de ese centro educativo. Ahora la menor y su hermana se encuentran a la espera de un cupo en un colegio distrital y mientras tanto estudian en casa junto a su padre. Ni la Secretaría de Educación ni el Ministerio de Educación han hecho algo al respecto.

La familia espera que el Tribunal Superior de Bogotá, que estudia su caso, falle a su favor y le ordene al ministerio que, entre otras, excluya la clase de religión del currículo académico de los miles de colegios a nivel nacional y lleve “a cabo un plan de acción para que en los colegios públicos se incluya suficiente ilustración para que el estudiantado ejerza la libertad de conciencia y, dado el caso, el ateísmo (…) Cada familia decidirá dentro de su ámbito interior la forma como manejar estos temas”. “Las clases de religión están ilustradas por asuntos cristianos, desconociendo otras religiones, que aunque minoritarias en este lado del planeta, no por ello deben ser relegadas a la inexistencia”, sostuvo al respecto Germán Humberto Rincón Perfetti, abogado de la familia.

Hay que decir, primero, que la ley protege a los ateos de que se les obligue a hacer parte de eventos que no concuerdan con su forma de ver y entender el mundo. El decreto 4500 de 2006 lo señala muy claro: “Los estudiantes ejercen su derecho a la libertad religiosa al optar o no por tomar la educación religiosa que se ofrece en su establecimiento educativo (…) Esta decisión deberá ser adoptada por los padres o tutores legales de los menores o por los estudiantes si son mayores de edad”. De la misma forma sostiene vehemente que “ningún docente estatal podrá usar su cátedra para hacer proselitismo religioso o para impartir una educación religiosa en beneficio de un credo específico”.

Entonces el problema no es que la ley no exista sino que no se respete. A los profesores, a las autoridades y a la sociedad en general hay que recordarles que los ateos merecen respeto, que no son bichos raros o “pecadores”, que sus opiniones son igual de respetables a las de los creyentes y que nadie puede obligarlos a hacer parte de eventos que no son acordes con sus creencias. Si respetamos que un católico o un musulmán no se vean obligados a actuar contra lo que piensan, no hay razones para no actuar de la misma forma con los ateos.

No es sólo reconocer que hay quienes creen en otros dioses sino también que hay personas que no creen en ningún dios, postura igualmente válida. Los profesores tienen que respetar a las familias ateas y lo mismo tienen que hacer las autoridades. Ojalá el Tribunal Superior de Bogotá falle en derecho.

 

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