La cara del progreso, por un lado: una represa de dimensiones monumentales, que requiere de un impulso de ingeniería que no tiene precedentes en este país. Túneles de roca maciza de un kilómetro de longitud y de 14 metros de altura que desviarán una de las arterias fluviales de este país: el río Cauca. Ahí están las imágenes de los primeros. Asimismo, de acuerdo con la Gobernación y la empresa, esto redundará en un beneficio para la población circundante: una inversión de $58.000 millones en vías secundarias, terciarias y caminos de herradura en las localidades que, en las cuentas, beneficiarán a 90.000 habitantes. Además, luz, agua potable, cosas así.
¿Y la pesca, probablemente afectada por el quiebre del curso del río? No hay problema, dicen las autoridades: la entidad encargada supervisa que se rescaten los peces que queden en los pozos o charcos dejados luego de quebrar el río en dos pedazos. Suena bien.
¿Y los habitantes? La otra cara. Pudimos registrar testimonios de ciudadanos que no han quedado muy contentos con este procedimiento. Unos dicen que afectó las costumbres, el uso del río y el tejido social. Temas de fondo. ¿Algo concreto? Por supuesto: “Ya no se puede ir a pescar ni sembrar cerca del río”, dice Fabio Muñoz, habitante de Briceño, quien alega que, pese a los cuatro años de trabajo, ellos, los campesinos, siguen en la incertidumbre sobre su futuro: esto pese a que durante siete meses vivieron en la Universidad de Antioquia pidiendo que su situación no cambiara con la construcción de la represa. Es decir, que el hecho de que se construyera algo nuevo no afectara la forma de vida que ellos llevaban antes. Un asunto de compensación.
La insatisfacción se siente y es producto de este desgarramiento que hay cuando se echa a andar un proyecto de una envergadura tan amplia en una zona acostumbrada a cierto tipo de costumbres más pequeñas, de obras y extracción de minerales a una escala mucho menor. Las críticas al futuro de esta acción sobre el río Cauca no se han hecho esperar: Tatiana Roa, de la organización Censat Agua Viva, dice que otras represas son el ejemplo de cómo desaparecen los peces comerciales por culpa de un cambio en la migración de la fauna. Asimismo, la destrucción de bosques desplaza muchas especies animales. Eso es riesgoso.
¿La solución? No parece posible echar para atrás un proyecto que lleva mucho tiempo gestándose, sobre todo cuando representa, también, una ganancia. Sin embargo, es imprescindible hacer una compensación total (sensata, basados en, justamente, estas críticas) de los daños ambientales que puedan generar a los habitantes y al ecosistema. De eso se trata la intervención humana en el medio ambiente libre de ella. El progreso, por más dividendos que represente, no puede ir sin límites. Si se hace así, pasará la cuenta de cobro en el futuro. Nada que los millones puedan solucionar.
Y, pensando ya en lo que viene, es fundamental que se establezcan parámetros claros para la intervención de los grandes ríos. Oír a los expertos internacionales de estos temas, que, palabras más, palabras menos, plantean algo lógico: seguir los protocolos y decidir de qué cauces se puede explotar energía y qué otros deben dejarse intactos para proteger su biodiversidad.