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La Alcaldía distrital parece estar cambiando de tono frente a las manifestaciones, y es una actitud bienvenida. Después de haber señalado de manera irresponsable a miembros de la Colombia Humana como instigadores de delitos, la alcaldesa Claudia López se ha sentado a dialogar con miembros de la Primera Línea. Allí encontró lo que ya sabíamos y suele perderse en medio del ruido: jóvenes preocupados por encontrar soluciones a la crisis, que desean ser escuchados y que están dispuestos a dialogar. En un escenario tan complejo, hace bien la Alcaldía en dejar a un lado las consideraciones electorales.
Partamos de lo innegable. Hemos visto actos de vandalismo y la comisión de delitos en el marco de las manifestaciones. Eso merece, por supuesto, una reacción por parte de las autoridades y de la Alcaldía. Sin embargo, concentrarse en esas circunstancias y aprovecharlas para obtener réditos políticos es cerrar la puerta del diálogo con la mayoría de jóvenes que quieren encontrar soluciones. Eso era precisamente lo que estaba haciendo la alcaldesa López con sus declaraciones disonantes.
Hace unos días la mandataria escribió esto en su cuenta de Twitter: “Con la dotación que les dan dirigentes de Colombia Humana, pinchan, bloquean y secuestran buses pocos jóvenes radicalizados para hacerles la campaña del caos, la obstrucción y destrucción”. Con una sola declaración logra tres efectos negativos. Primero, estigmatiza a todo un sector político, que por cierto es de oposición a su gestión y a los intereses de su partido en las elecciones del año entrante, acusándolo de ser patrocinador de delitos. Segundo, radicaliza aún más a los miembros de la Primera Línea que sienten que no están siendo escuchados. Tercero, cierra la puerta de un diálogo constructivo para salir del momento crítico.
Las críticas que recibió la Alcaldía son justificadas. En efecto, se sintió como una pesca arbitraria de réditos políticos, al señalar a la oposición, en medio del caos y de situaciones muy delicadas. En un país con una larga historia de estigmatización al disenso, eso no debe ocurrir.
La respuesta es, como ha pasado en Cali, sentarse a conversar. Parece que la alcaldesa lo ha reconocido. Invitada por el padre Francisco de Roux, por Íngrid Betancourt y en medio de mesas convocadas por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Iglesia católica, el sábado López se encontró con miembros de la Primera Línea. “Tenemos y seguiremos teniendo diálogos transparentes y respetuosos con quienes así quieran hacerlo”, dijo López. El secretario de Gobierno, Luis Ernesto Gómez, comentó que “apreciamos que fue una reunión amable donde con mucha franqueza las partes expresaron sus posiciones y que abona a un proceso que ya se venía adelantando durante ya casi cinco semanas”.
El Distrito debe continuar en esos esfuerzos. Por su parte, la Primera Línea debe comprender que una mayoría cada vez más numerosa de colombianos se opone a los bloqueos y a la violencia. El paro triunfó en mostrar los problemas de desigualdad y de falta de interés de las autoridades, no puede diluirse en violencia. Ahora que están sentados a la mesa, es una oportunidad de oro para llegar a soluciones. No debe desaprovecharse.
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