Mauricio Macri se atornilla en Argentina

Mauricio Macri ha volteado el mapa político, y de qué manera. / AFP

Mauricio Macri, presidente argentino, no termina de dar sorpresas electorales. El domingo pasado obtuvo, junto con su partido Cambiemos, un triunfo arrollador en las elecciones de mitad de período. Lo anterior le garantiza la puesta en marcha de una serie de reformas políticas para llevar a cabo la transformación a fondo que prometió para su país. A pesar de que ciertos indicadores no son los ideales, el electorado prefirió darle un voto de confianza al jefe de Estado y, de otro lado, dejar en la lona al peronismo, gran perdedor de la jornada.

Macri ha logrado calar en la clase alta, la media rural y la media urbana, en especial en Buenos Aires, donde derrotó a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien, a pesar de todo, logró obtener una curul en el Congreso. De esta manera, el muchacho privilegiado y menosprecidado de hace unos años se ha convertido en la persona que podría dar el gran remezón a la vida política, económica y social de ese país del Cono Sur. Su estrategia de presentarse a las presidenciales por fuera de los dos partidos tradicionales lo llevó por un estrecho margen a la Casa Rosada. Fue la primera vez en 100 años que un candidato independiente logró ganar el poder.

En adelante, y sopesando cuidadosamente su apoyo político, se abstuvo de tomar decisiones que le produjeran un daño innecesario en las encuestas. Importantes sectores, entre ellos las clases media y baja de las grandes ciudades, como Buenos Aires, no se reponen aún de los problemas dejados por el gobierno anterior o los errores del actual. La inflación es la segunda más alta de América, luego de Venezuela. Paradójicamente, por una especie de efecto teflón, todo parece resbalarle. De hecho, el lunes anterior, y en medio de la alegría por el triunfo, Macri anunció un aumento de la gasolina de un 10 %. Esta subida fue la primera de una serie que irá hasta fin de año con un nuevo incremento en gas y electricidad. “Los servicios públicos subieron dos veces durante los últimos 22 meses, en algunos casos hasta un 1.000 %”, que habían sido subsidiados por el anterior gobierno. “Entramos en una etapa de reformismo permanente. Argentina no tiene que parar, no tiene que tener miedo a las reformas. Tenemos que hacer muchísimas. Nos van a ayudar a vivir mejor (…) El poder no me va a cambiar”, dijo en su discurso de victoria.

Entre los resultados más importantes alcanzados el pasado domingo está el de haber triunfado en cinco distritos claves, lo que no sucedía desde 1985. Con más del 40 % de los votos desalojó a los peronistas en lugares en los cuales se sentían inexpugnables, como es el caso de Jujuy, Salta, El Chaco, Santa Cruz y La Rioja, fortín de Carlos Menem. Ha volteado el mapa político, y de qué manera. A pesar de que no tiene aún la mayoría política del Congreso, pues sólo se cambió una tercera parte del mismo, cuenta con la suficiente fuerza para formar alianzas estratégicas que le permitan avanzar con su modelo de país.

Pero, como sucede en política, ahora viene la parte más importante de su gestión. Es decir, poner en práctica las reformas anunciadas, crear mejores condiciones económicas y sociales para todos, a pesar de su imagen de empresario que sólo busca apuntalar los intereses de los más favorecidos. En caso de lograrlo, asegurará la reelección y podría darse inicio a la “era Macri”, en la cual el peronismo, acostumbrado a gobernar con cualquiera de sus tendencias internas, virtualmente desaparezca. No es muy probable que esto suceda.

De momento, quien está llamada a levantar la bandera de la oposición es Cristina Kirchner, quien no parece representar un peligro real para el gobernante. Como lo señalan algunos analistas, ella tiene el suficiente poder para ser la líder de la oposición peronista, pero un alto nivel de desprestigio que no le alcanza para ser una real opción de poder de cara a las próximas presidenciales. Serán dos años cruciales para el futuro de Argentina.

 

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