Metas ambiciosas

Saludamos las metas que han sido anunciadas por el viceministro de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible y que tienen como fin la conservación de los ecosistemas forestales.

Si detrás de este anuncio hay una política de Estado seria, y no enfocada exclusivamente al sector ambiental, estaríamos frente a un cambio bastante profundo porque Colombia todavía es un país repleto de bosques de variados tipos y con expresiones excepcionales, como la extensa selva amazónica, el muy diverso Chocó biogeográfico, las muy menguadas selvas andinas y el casi desaparecido bosque seco tropical.

Pero también hemos construido una nación a costa de nuestros bosques. No es tarde para actuar, sin embargo: casi la mitad del territorio continental está cubierto de ellos. Una política forestal integral debe hacer parte de ese nuevo país que trata de emerger, en medio de conflictos y falencias, pero también lleno de oportunidades.

Bajar sensiblemente las tasas de deforestación no debe ser solamente para la emblemática Amazonia. La destrucción de una hectárea en el Chocó, por ejemplo, tiene un efecto más negativo para la biodiversidad que en la extensísima selva oriental. También la tala en la zona Andina tiene más efectos negativos directos sobre la población que, en su mayoría, vive en esta región. Ya existe la información para establecer metas de reducción de deforestación, específicas para las CAR, y medidas en hectáreas en pie. No tiene presentación que la deforestación continúe en territorios con institucionalidad y recursos para la gestión ambiental.

De otra parte, la meta de escalar la restauración ecológica al orden de magnitud del millón de hectáreas por década resulta muy alta, frente a un acumulado de menos de 100.000 en los últimos 15 años. Significa un reto mayor difícilmente alcanzable. Porque restauración no es otra palabra para la reforestación. La restauración ecológica es una disciplina naciente e integral.

La meta deberá venir acompañada de inversiones para la ciencia y para el arte de la restauración ecológica. En esta materia el conocimiento ha venido creciendo de forma más lenta que los mismos árboles. Hay capacidades gestándose en universidades y redes académicas y de la sociedad civil, así como en institutos del Sistema Nacional Ambiental.

Son muchos los que ya saben qué es lo que debe hacerse para aprender a restaurar. Pero falta inversión en formación profesional, sistematización de experiencias, diseño de proyectos que resuelvan preguntas claves en los plazos adecuados y, sobre todo, monitoreo.

En la gestión forestal los retos son múltiples. Para conservación de los bosques el asunto es de gestión ambiental eficiente y eficaz. En la restauración el meollo es la gestión de conocimiento. Algo tendrá que decir Colciencias para ser coherente con esta importante política. Al final todo se podría medir en hectáreas, pero para llegar a cada una de ellas el camino es diferente. Ojalá que así se entienda.

 

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