Ni un paso atrás en los derechos LGBT

Las marchas del orgullo LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y trans) que se realizaron ayer en el país enviaron dos mensajes muy importantes. Primero, que cada vez son menos los colombianos que viven en miedo de ser quienes son. Segundo, que el gobierno entrante deberá cumplir sus promesas de representar a todos los colombianos y no ceder ante las presiones de los grupos que buscan que Colombia retroceda.

Mucho ha cambiado en el país desde la primera marcha del orgullo, celebrada en los años 80, dos años después de que la Asociación de Psiquiatría Americana (APA) dejara de considerar la homosexualidad como un desorden mental. En aquel entonces, todavía era un delito. Sólo un año después se despenalizaría.

En todos estos años, gracias a esa promesa ambiciosa y empática que fue la Constitución de 1991, Colombia ha venido reconociendo lo que ya debería ser sentido común: que no hay motivos para perseguir y discriminar a las personas por tener orientaciones sexuales o identidades de género diversas.

Es así como la Corte Constitucional, poco a poco, fue purgando la discriminación de nuestro ordenamiento jurídico. Se obtuvo la pensión de sobreviviente, la unión marital de hecho, el matrimonio, la adopción y un reconocimiento de los derechos de las personas trans. Sin embargo, ese avance jurisprudencial, que además ha permitido que los colombianos enfrenten sus propios prejuicios y cambien de parecer sobre un tema que siempre ha causado tensiones morales en un país conservador, está bajo ataque.

Por eso fue tan importante ver cómo el domingo salió a marchar un país distinto. Ya las personas LGBT no están solas: fue común ver a sus familiares, amigos y aliados, e incluso a las empresas del sector privado, acompañarlos. Así es como se ve el triunfo del amor: el miedo a lo diferente desaparece al ver que no hay motivos para odiar.

Estamos lejos de ser un paraíso. Todavía las personas LGBT son perseguidas por su orientación sexual o identidad de género. Entre 2013 y 2017, fueron asesinadas 549 personas LGBT. En América Latina, la expectativa de vida de las personas trans es de 35 años. La cultura sigue siendo discriminatoria, lo que somete a esta población a violencia, matoneo e incentivos para silenciarse. Todavía en la memoria nacional está fresca la tragedia de Sergio Urrego, un fracaso de nuestro sistema educativo (y de nuestra sociedad) que no hemos querido confrontar como se debe. ¿Cuántos jóvenes LGBT deben sufrir en colegios que, en vez de proteger la diversidad, la persiguen?

Contrario a lo que dicen los movimientos en contra de los derechos LGBT, la inclusión no destruye. Cuando protegemos a todos los colombianos y hablamos abiertamente de estos temas, construimos una sociedad con menos violencia.

Los colectivos LGBT le enviaron un mensaje al presidente electo, Iván Duque: ni un paso atrás en lo que se ha logrado. Nos unimos a ese llamado e invitamos al nuevo mandatario a que su gobierno sea ambicioso. Su discurso de renovación podría ser también un llamado a abandonar los viejos prejuicios. No hay que abandonar el sueño de una Colombia donde quepamos todos.

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