Los colombianos han mostrado un cumplimiento resiliente de las medidas necesarias para luchar contra el COVID-19, y por eso ahora 451 municipios de todo el país, incluyendo varias capitales importantes como Bogotá, Medellín y Cartagena, quedaron sin la obligación de usar tapabocas en espacios públicos abiertos. Se trata de un gesto simbólico importante: desde el inicio de la pandemia, los tapabocas, el distanciamiento social, la ventilación y el lavado de manos se convirtieron en la mejor defensa cuando no contábamos con vacunas ni entendíamos muy bien cómo operaba el COVID-19. Ahora, en reconocimiento de los avances en la lucha contra la pandemia, los colombianos pueden empezar a pasar la página.
Estamos en un momento distinto de la pandemia. Aunque siguen los contagios, la alta tasa de vacunación en Colombia ha permitido que las hospitalizaciones se mantengan bajas. Como dijo el presidente Iván Duque al anunciar la medida sobre los tapabocas: “Ya estamos por encima del 81 % de la población con una dosis, superamos el 65 % con doble esquema completo y más de ocho millones de personas con dosis de refuerzo”. Por eso, todos los municipios que tengan más del 70 % de su población con esquema completo no tendrán que usar tapabocas en espacios públicos abiertos, lo que, esperamos, va a motivar a mejorar las tasas de vacunación en los lugares que se han quedado rezagados.
Haciendo eco de lo dicho por el presidente, el ministro de Salud, Fernando Ruiz, explicó con cautela que la medida se trata de un premio al “esfuerzo de todos los colombianos. Realmente hemos sido disciplinados con el tapabocas comparados con otros países. Esta es una medida que, desafortunadamente hay que decirlo, puede volver. Puede volver porque todo depende de la progresión epidemiológica”.
No estamos solos en tomar esta decisión. Estados Unidos, el país más afectado por el COVID-19 con cerca de un millón de personas muertas, ha empezado a eliminar los mandatos de tapabocas e incluso flexibilizó las reglas para el uso del tapabocas en espacios cerrados. Explicando el racionamiento, The New York Times cuenta que “las regulaciones tendrán menos énfasis en el conteo de casos y les darán más peso a las hospitalizaciones como medida clave de riesgo (...) con las hospitalizaciones bajando en todo el país, eso permitirá que la mayoría de los estadounidenses abandonen sus máscaras”. Es de esperar que algo similar ocurra en Colombia. Dos factores claves a tener en cuenta: la ocupación de las unidades de cuidados intensivos y la tasa de vacunación y de dosis de refuerzo.
La buena noticia es que, si seguimos por el camino de la cautela y los cuidados, este puede ser el inicio del fin del uso del tapabocas de manera obligatoria. Sigue siendo recomendado para las personas más vulnerables usarlo y evitar las aglomeraciones. Sin embargo, ya que los colombianos hemos cumplido con nuestro deber estos dos años, se trata de una celebración merecida.
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