No permitamos que desestabilicen el BID

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El Banco Interamericano Desarrollo (BID) está en riesgo de perder la característica que le ha permitido posicionarse como un referente global en el impulso disciplinado y consensuado de políticas que facilitan el crecimiento económico de toda una región. La candidatura de un estadounidense a la presidencia del banco, apoyada por Colombia, no solo rompe un pacto que todos los países acordaron recién fundado el organismo multilateral, sino que promete dejar la estampa antidiplomática de Donald Trump en una entidad que es esencial para todos los países de América Latina y el Caribe. ¿Van los mandatarios de la región a bajar la cabeza ante el capricho de un presidente en búsqueda desesperada de obtener la reelección?

Desde su fundación, hace ya 61 años, el BID se pensó como un espacio de encuentro, estudio juicioso y fomento sin permitir que la ideología nuble el propósito común del desarrollo de nuestra región. Creado en un momento cuando nuestros países contaban con líderes democráticos interesados en fortalecer las instituciones, se acordó que el consenso iba a ser un criterio necesario para el éxito del banco. Por eso, pese a que Estados Unidos cuenta con un 30 % de los votos debido al monto de capital que aporta al BID, ese país estuvo de acuerdo en permitir que un latinoamericano estuviera siempre a la cabeza de la institución. Desde entonces, los cuatro presidentes han sido locales (el chileno Felipe Herrera, el mexicano Antonio Ortiz Mena, el uruguayo Enrique V. Iglesias y el colombiano Luis Alberto Moreno) y la vicepresidencia ha sido ocupada por un estadounidense.

Más allá de nacionalismos, privilegiar el origen latinoamericano del presidente del BID tiene dos razones de peso. Por un lado, es apenas natural que, si se trata de impulsar proyectos en países de América Latina y el Caribe, a la cabeza de la entidad esté una persona que conozca la región y sea parte de ella. Por otro, siempre se ha buscado, en los perfiles de los presidentes, que sean personas conciliadoras cuya lealtad no pueda ser rastreada a ideologías radicales, sino que demuestren preferencia por lo técnico y por construir consensos.

Ambas condiciones han sido rotas por el presidente Donald Trump. Estados Unidos anunció la candidatura de Mauricio Claver Carone, actual director principal para Asuntos del Hemisferio Occidental en el Consejo de Seguridad Nacional y asesor del presidente estadounidense. Se trata de una figura reconocida por su dogmatismo conservador, su fidelidad a la política trumpiana y con claros sesgos que desestabilizan las ideas fundamentales del actuar del BID.

Donald Trump no tiene interés en fortalecer el BID. Su estrategia de política exterior es clara: adoración a sus caprichos sin ninguna otra consideración. Ese es el problema de que Claver Carone sea elegido y que Colombia le haya dado su apoyo. ¿No deberíamos estar abogando por una figura menos polémica y que sí ayude al desarrollo de la región?

El BID no debería llevar a cabo la elección en septiembre. Para empezar, sería prudente esperar a que Estados Unidos tenga sus elecciones presidenciales, para ver si el mandato de Trump es reforzado o repudiado. Además, los países necesitan considerar si desean estropear el actuar de una entidad que ha dado ejemplo de cómo ayudar a la región sin caer en juegos políticos.

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