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No podemos solo volver a donde estábamos antes del terremoto

13 de septiembre de 2026 - 12:00 a. m.
La «reconstrucción» debe potenciarse como una oportunidad para mejorar de una vez por todas atrasos históricos que empeoraron esta tragedia. ¿Sí podremos?
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En los viajes que periodistas de El Espectador han realizado a las zonas más afectadas por el terremoto, en particular municipios y corregimientos de Chocó, se ha escuchado en muchas ocasiones variaciones de la misma idea: la “reconstrucción” no puede ser para volver a como estábamos antes, sino que tiene que potenciarse como una oportunidad para mejorar de una vez por todas atrasos históricos que empeoraron esta tragedia. Tanto el Gobierno Nacional como los distintos gobiernos locales han dicho estar sintonizados con ese propósito. ¿Sí podremos materializar tanta ambición en una Colombia con tantos retos y tan pocos recursos?
Contar la historia del terremoto todavía no se puede hacer porque se trata de un proceso que continúa. Los duelos individuales y colectivos de las zonas afectadas se suman a la frustración generalizada que sienten los colombianos al reconocer la fragilidad de la vida humana y las fallas que durante décadas llevaron a que perdiéramos tantas vidas bajo los escombros. Ese duelo sigue pasando y va a seguir pasando. La emergencia no ha terminado ni terminará pronto. Las heridas están abiertas e, incluso, hay otras que se siguen abriendo a medida que la impaciencia y la frustración aumentan entre quienes no sienten que han recibido los apoyos necesarios. Lo sabíamos de antes: incluso cuando el Estado colombiano tiene buenas intenciones, su capacidad de acción es lenta y se enfrenta a múltiples retos.
Lo anterior no quiere decir que los esfuerzos hayan sido en vano. Por el contrario. Tanto la Presidencia de la República como las distintas alcaldías y gobernaciones han hecho presencia en donde se necesita, mientras que el sector privado ha realizado aportes en recursos, financieros y humanos, que reconocen la magnitud de lo ocurrido. En estos días, en El Espectador retomamos la historia de tantos rescatistas que no se conformaron con ayudar en las primeras semanas, sino que siguen buscando maneras de acompañar de manera permanente. Colombia no sólo se movilizó por la coyuntura, sino que se ha seguido moviendo, creando, construyendo alianzas. Las iniciativas ciudadanas, desde las más grandes hasta las más localizadas, se tomaron en serio aquello de que lo único que nos salva de tanto dolor es la conexión con el otro, tejer redes de escucha.
El principal problema es, sin embargo, el tiempo. Hemos documentado personas que siguen sin tener dónde vivir, que no tienen cómo “reconstruir”, que se sienten abandonadas después de los anuncios iniciales. Los decretos de emergencia firmados esta semana son un paso necesario que celebramos, pero faltan detalles de cómo vamos a aterrizar las promesas que se han hecho. También, a pesar de que el Gobierno ha abogado por la descentralización, la falta de capacidades institucionales en los territorios más vulnerables ha hecho que Presidencia tenga que asumir funciones que le corresponderían al ámbito local. Entre tanta burocracia que se anuncia de gerentes para administrar los recursos y vigilar que no se presenten casos de corrupción, ¿cómo podemos utilizar todo este impulso para fortalecer la institucionalidad local? Sin un Estado fuerte, presente, capaz y acompañado se nos quedará corta esta oportunidad.
El año entrante hay elecciones locales, lo que significa que no resta mucho tiempo antes de que las campañas, con sus populismos y manipulaciones, se roben la agenda y también instrumentalicen la respuesta al terremoto. Antes tenemos que darles respuestas tangibles a las víctimas y un plan de choque a corto y mediano plazo, con detalles y objetivos conseguibles. Lo que es claro es que no podemos volver a como estábamos antes.

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