No solo con fallos se ataca la violencia sexual

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Las denuncias de ocho mujeres contra el cineasta Ciro Guerra están bien documentadas, son testimonios angustiantes y no se pueden desestimar simplemente apelando a la presunción de inocencia y esperando que la justicia actúe. Si bien no es juez, el periodismo es un espacio idóneo para que las víctimas de la violencia sexual cuenten sus historias, en vista de la comprobada incapacidad del sistema judicial para romper la abrumadora impunidad de estos casos.

Los testimonios recolectados en este caso por el portal Volcánicas son exhaustivos. No solo están los relatos individuales, sino que hay confirmación por parte de testigos y se aportan capturas de pantalla que corroboran la información. A partir de estos testimonios, muchas mujeres han expresado su apoyo porque se vieron retratadas en las situaciones allí narradas. Se habla, por ejemplo, del abuso de la fama y del poder para imponerse sobre una mujer, para hacerla temer por el futuro de su carrera, para que actuaciones violentas queden en la impunidad. También se mencionan instancias donde las denunciantes dijeron que no estaban de acuerdo con lo que ocurría y aun así hubo insistencia. Hay un caso que deja expuesto un grave acto de violencia sexual.

Tan pronto se publicaron las denuncias, la respuesta fue la esperada: ¿y la presunción de inocencia? El propio Guerra contestó que esperaría a que haya un proceso judicial en su contra y que todo era mentira. Sin negar que eso pueda ser así, creer que ahí termina el debate es no reconocer los problemas estructurales a los que apuntan las denuncias.

La presunción de inocencia existe en el debido proceso penal, de acuerdo. Pero la verdad procesal no es la única que existe. Menos cuando hablamos sobre delitos de violencia sexual, donde la impunidad se calcula cercana al 90 %. ¿Qué pasa con todos esos casos donde no se llega a una sentencia? ¿Nunca ocurrieron? ¿No podemos comentarlos porque un juez no ha decidido? No, no es tan sencillo. El sistema judicial es desigual y eso no puede olvidarse.

Allí es donde el periodismo tiene un papel importante. Ante la desconfianza que sienten las víctimas con los operadores judiciales, el trabajo de las periodistas es una opción adecuada para dar a conocer sus casos. Hay quienes creen que publicar las denuncias es un acto inadecuado, pero eso es desconocer los principios que rigen nuestro oficio. Cuando hay una búsqueda de la verdad, un contraste juicioso de fuentes y una narración de lo que ocurre que le permite al público formar su propio juicio, ¿acaso no hay un aporte a la sociedad? Hacer periodismo sobre denuncias no es juzgar, es reconocer que estos testimonios tienen que ser parte del debate público, es abrirles la puerta a las víctimas que suelen ser siempre censuradas.

Durante muchos años las mujeres han tenido que guardar silencio. Ahora están encontrando distintos espacios para que sus voces sean escuchadas. La respuesta no puede ser apelar al sistema judicial, silenciar invocando la presunción de inocencia y creyendo que eso es suficiente. El cambio social requiere más.

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