Nuevas elecciones en Honduras

Llevar a cabo nuevos comicios en Honduras le daría total transparencia al resultado y garantizaría el cumplimiento de la voluntad del pueblo. / EFE - AFP

Honduras vive una profunda crisis institucional desde hace tres semanas, tras unas elecciones presidenciales plagadas de irregularidades. El domingo pasado, el Tribunal Supremo Electoral (TSE), a pesar de los serios cuestionamientos formulados, terminó dando como ganador al actual presidente, Juan Orlando Hernández, conservador, por un margen de 1,7 %. El secretario general de la OEA, Luis Almagro, con argumentos en mano, solicitó la realización de nuevas elecciones ante la “imposibilidad de dar certeza a los resultados”. Mientras tanto, las protestas suman ya 17 muertos y más de 800 detenidos.

Salvador Nasralla, el candidato opositor en nombre de la izquierdista Alianza de Oposición Contra la Dictadura, se reunió ayer en Washington con Almagro, a quien le entregó documentos y pruebas del aparente fraude. El secretario general le ratificó “la necesidad de un llamado a nuevas elecciones, al diálogo, la reconciliación y la no violencia”. Lo cierto es que la Misión de Observación Electoral de la OEA (MOE) llevó a cabo una muy seria labor, teniendo como cabezas a dos reconocidos expresidentes: Jorge “Tuto” Quiroga, de Bolivia, y Álvaro Colom, de Guatemala. Su pronunciamiento definitivo siguió al del órgano electoral hondureño y le dio pie para el pronunciamiento definitivo de Almagro.

Nasralla fue el primero en reaccionar el mismo día de los comicios y puso en tela de juicio la transparencia del proceso por parte del TSE. Motivos no le faltaban. Luego de contar con cerca de cinco puntos de ventaja frente a Hernández, que lo ubicaban como el más opcionado ganador, se produjo un extraño corte en los informes oficiales y, pasadas algunas horas, el actual mandatario pasó a encabezar los resultados. Ante la situación presentada, tanto la MOE como la Unión Europea (UE), así como diversos organismos de derechos humanos, redoblaron sus esfuerzos de supervisión. La OEA y la UE expresaron que hubo denuncias serias “antes, durante y después” de los comicios. Lo anterior llevó a que el TSE se viera obligado a realizar el reconteo de un 25 % de los sufragios, posterior a un reconteo menor que llevó a cabo y que daba como ganador a Hernández.

Este resultado final, que se anunció el domingo pasado, es el que tiene al país en vilo. No está de más recordar que en 2009 hubo un golpe de Estado contra el entonces presidente Manuel Zelaya, el mismo que hoy es el mentor y principal aliado de Nasralla. Como hecho paradójico, el motivo del golpe fue que Zelaya intentó modificar el artículo pétreo que impedía la reelección en Honduras. Luego del retorno a la democracia, el siguiente gobierno sí modificó la norma constitucional y, por este motivo, Hernández sería el primer presidente en lograr la reelección. De allí que lo que se decide en las urnas adquiere dimensiones de gran calado. En el fondo es la lucha de quien fue defenestrado por la fuerza contra aquellos que lo forzaron a salir del poder.

Así las cosas, la situación parece fácil de solucionar. El secretario general de la OEA obra con sensatez al solicitar la realización de nuevos comicios, lo que le daría total transparencia al resultado y garantizaría el cumplimiento de la voluntad del pueblo. La UE expresó que no ha avalado el resultado. En aras de garantizar la estabilidad del país, y ante los graves señalamientos hechos por organizaciones independientes que ponen en entredicho todo el proceso electoral hondureño, lo conducente sería que el gobierno del presidente Hernández aceptara los nuevos comicios. De ser así, y con la debida supervisión internacional que garantice la idoneidad de los mismos, se despejarían las graves dudas existentes hasta el momento. Lo otro, sería aumentar los niveles de violencia e inestabilidad.

 

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