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Osetia del Sur: ¿doble moral?

EL CONFLICTO QUE VIVEN GEORGIA Y la autoproclamada república independiente de Osetia del Sur, que degeneró en un brutal enfrentamiento con Rusia, es en cierta forma equiparable a lo ocurrido —hasta el momento—  con Kosovo.

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El Espectador
11 de agosto de 2008 - 09:20 p. m.
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Kosovo se separó de Serbia y la comunidad internacional se dividió frente a la posibilidad de su reconocimiento como autónoma e independiente. Si Serbia se opuso tajantemente, nada ha podido hacer ante a lo que para muchos parece inevitable. Rusia, como la China, es uno de los países que se niegan a reconocer la independencia de Kosovo y lo hace, irónicamente, aduciendo entre otras razones el mal precedente que ello significaría para aquellos casos en los que las tendencias separatistas de una región proclive al conflicto podrían desatarse. Chechenos o ingushes, como el resto de comunidades que habitan en el Cáucaso ruso, podrían entonces retomar lo que a todas luces llegaría a convertirse en un antecedente.

El caso Kosovo visibiliza la doble moral con la que manejan las relaciones internacionales los países más poderosos. Si Kosovo se independiza de los serbios, Rusia prende sus alarmas; si Osetia del Sur y Abjazia exigen su autonomía —aunque no su independencia— con respecto a Georgia, entonces Rusia apoya e incluso disuade con bombas si ello es absolutamente necesario.

Las consecuencias de esta actitud son precisamente las que han llevado a una intensa retaliación, de parte de los rusos, contra Georgia y las intenciones de Mijail Saakashvili, quien desde su llegada al poder en 2004 manifestó abiertamente su interés en recuperar territorios perdidos.

Hilando más delgado, esta manifiesta doble moral por parte de Rusia obedece a su nuevo papel de dueño absoluto de la llave que controla el gas y el petróleo en una región del mundo en la que estos recursos son, por su precio económico, garantías de poder político. Rusia puede intervenir como lo hizo, bombardeando una ciudad entera, asesinando a civiles y exigiendo el retiro absoluto de las tropas “invasoras”, y nada contundente hará para evitarlo la comunidad internacional. El gas y el petróleo, aunque no se producen en la región de Osetia del Sur, sí son transportados a través de este estratégico corredor por el que los hidrocarburos del mar Caspio circulan hacia el oeste. Controlarlo, en el caso ruso, es entonces una necesidad.

Las intenciones separatistas de Osetia del Sur, que han llevado a más de un incauto a admirar las bondades de la potencia rusa y su interés por las minorías, no dejan de ser una buena excusa para que Rusia se imponga en una región que por momentos parecería acercarse demasiado a Occidente. El deseo de entrar a la OTAN por parte de Georgia, así como su apoyo incondicional a Estados Unidos y su belicosa participación en Irak, corroboran una relación que rompe con el aislamiento y pone incluso en entredicho la hegemonía de la potencia soviética en su región.

Por lo demás, los 60.000 habitantes que conforman Osetia del Sur han manifestado una y otra vez su deseo de anexarse a Osetia del Norte y a Rusia, como quiera que incluso la ciudadanía rusa ya les es acordada. Afortunadamente para el mundo, es poco factible que el conflicto actual degenere en una mayor confrontación. Rusia es hoy un actor de la escena internacional con voz, voto y fuerza al que le está permitido hacer y defender como bien lo desee y a quien considere oportuno.

Por El Espectador

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