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hace 1 hora

Patear el tablero

Para utilizar la coloquial expresión, el expresidente Álvaro Uribe entró pisando duro luego del lanzamiento de su nuevo partido político en El Nogal y no se ha parado en mientes para “patearle el tablero” al actual gobierno.

La reciente embestida de su movimiento se inició con artículos de prensa y declaraciones contra figuras representativas de la actual administración, comenzando por el presidente, el ministro de Vivienda y la canciller.

De los trinos cotidianos, la estrategia ha pasado a la acción. El fin de semana pasado la cúpula del uribismo sostuvo encuentros con opositores venezolanos en Cúcuta. Como si no fuera ya de por sí una frontera caliente con los problemas conocidos de guerrilla, secuestro, bacrim, narcotráfico, contrabando y demás, el expresidente Uribe ayudó a regar un poco más de gasolina. O ¿cómo entender que el proceso de filigrana que han venido estructurando el presidente Juan Manuel Santos y la canciller Holguín, con todos sus bemoles, sea puesto en la picota nada más y nada menos que por un expresidente de la República y en plena frontera?

Cuando se bautizó el nuevo movimiento dijimos en estas páginas que un gran bien se le hace al país al proponer nuevas alternativas políticas, cualquiera sea su ideología o su color. Mejor aun si buscan disputarle espacio al actual gobierno, pues el ejercicio sano de la democracia se basa en hacer un contrapeso legítimo y convertirse así en opción de poder. Sin embargo, es evidente que las cosas se enrarecen cuando la oposición política la encabeza abiertamente un expresidente. Y no uno cualquiera, sino aquel que entregó el mando y apoyó al actual mandatario.

Hay una delgada línea en la que el jefe de la oposición debe tener cuidado en qué terrenos transita. Y Álvaro Uribe parece estarlo haciendo por terrenos cenagosos. Primero cuando insinuó a las Fuerzas Armadas, en el Club El Nogal, que no debían acatar necesariamente lo que ha hecho el presidente Santos en materia de defensa. No es aconsejable jugar con candela en momentos en que el país atraviesa un momento complejo en materia de orden público en el Cauca. El expresidente tiene todo el derecho a expresar su desacuerdo sobre la forma en que se conduce la lucha contra la guerrilla. Empero, de él se espera que no lo haga involucrando al estamento militar.

En materia internacional está haciendo algo similar. Desconociendo la sana costumbre de considerar la política exterior como un asunto de Estado cuya ropa sucia se lava en casa, prefirió reunirse con la oposición venezolana en Cúcuta y venirse lanza en ristre contra la “dictadura chavista”. La perniciosa política del micrófono, los agravios personales y la descalificación permanente, que fueron pan de cada día durante buena parte de su gobierno, regresa ahora como campaña política. Nadie duda que había y sigue habiendo argumentos de peso en ciertas críticas al gobierno del vecino. Pero también es claro que la forma de manejar dichas divergencias no fue la más acertada, ni lo sería ahora. El resultado fue el rompimiento de relaciones entre los dos países, no lo olvidemos.

El “puro centro democrático”, pues, no sólo contradice su estratégico pero engañoso nombre, sino que cae de esta manera en la misma retórica que tanto se les criticó aquí en su momento a los políticos venezolanos: la de utilizar al país vecino como argumento para sus luchas políticas internas. Patear el tablero tiene un costo y en este caso no es sólo irresponsable, sino además peligroso.

 

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