Peleas personales

Tuvo que salir a llamar la atención, cual profesor de la primaria de un colegio, nadie menos que el presidente de la República, Juan Manuel Santos, para dirimir esa deplorable disputa mediática de la que son protagonistas el fiscal general, Eduardo Montealegre, y la contralora general, Sandra Morelli.

Dos jefes institucionales que ventilan su discusión como si el país no mereciera un poco más de altura por parte de ambos. Un poco, al menos. Un Estado armónico que no tenga a dos de sus representantes corriendo de entrevista en entrevista y de medio en medio para hablar mal del otro y, de paso, salvarse el pellejo ante la opinión pública sin darse cuenta de que, por esa misma actitud, la sociedad puede y debe censurarlos.

“Que le explique al país por qué salió a diseñar una mentira tan enorme”, dice el uno. “Si alguien mintió, no fui yo”, responde la otra. Nos cogieron a los medios como tribuna judicial. ¿No tienen mejores cosas que hacer dentro de la responsabilidad que sus cargos exigen? ¿Nada? ¿No pueden adelantar sus pruebas y denuncias y contraargumentos en silencio, como corresponde?

Esta pelea no es nueva, sin embargo. Y no es nueva, tampoco, la exigencia que ha hecho el presidente Santos. Hace un mes dijo exactamente lo mismo que vino a repetir esta semana a través de su cuenta en Twitter: “De nuevo exhorto a los órganos de control a dirimir sus diferencias por fuera de los medios de comunicación para no hacerle daño al país”. Tiene razón. Mucho daño le hacen a la sociedad estos agarrones que, más que una lucha por la limpieza en las instituciones, parecen una riña personal. Aparte de ser protagonistas de este espectáculo —que ya está mal—, cavan más hondo en la creciente polarización que se siente en la sociedad. ¿Cómo llegamos a todo esto? Veamos.

En el pasado el hoy fiscal Montealegre fue asesor jurídico de la EPS Saludcoop, la más grande del país, cuyos manejos del presupuesto público dieron lugar a una condena fiscal histórica. En los registros de dicha EPS figuran pagos efectuados a Montealegre en 2012, cuando ya había asumido su cargo de fiscal. Sin embargo, la Superintendencia de Salud aclaró que esos datos estaban equivocados.

La denuncia de Morelli, que deberá revisar la Comisión de Acusación de la Cámara de Representantes —una instancia desprestigiada y con nula credibilidad—, se basaba en dichos datos. ¿Entonces? ¿Nada tiene que decir? Claro que sí: a los medios, de nuevo. Ahí la oímos diciendo en W Radio que “se mantiene en su afirmación”. Ya veremos. Lo cierto es que el jefe del Partido Liberal, Simón Gaviria, exhortó el lunes a la contralora Morelli a entregarle las pruebas que sustentan sus afirmaciones. Tanto escándalo en los medios y tan poca acción procesal verdadera. Increíble.

Morelli, claro, no está sola. Para pelear se necesitan dos. Y Montealegre, sin duda, no se ha mantenido ajeno a este juego. En vez de estar en esto —y simplemente seguir los conductos regulares—, por qué no mejor empieza a mostrar resultados en las investigaciones sobre el caso Saludcoop. Porque, a decir verdad, su entidad es la más atrasada en dar respuestas concretas. ¿No sería muchísimo más provechoso y conveniente para el señor fiscal? ¿Algo, digamos, más relacionado con sus tareas?

Esto se convirtió en una deplorable pelea personal, de egos e imágenes. ¿No les parece mejor, señores, resolver sus desavenencias en privado y sus cuestionamientos por los conductos que la ley indica?

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