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No son fáciles los tiempos que vive el periodismo en Colombia y el mundo. En este espacio nos hemos ocupado ya de resaltar los principales problemas para el ejercicio del oficio, que hace mucho tiempo dejaron de ser solo la violencia y las presiones de los poderosos (como si no fueran suficientemente graves) y que ahora tienen que ver también con el fenómeno global de la desinformación y los discursos de odio, promovidos desde las redes sociales, las bodegas de políticos y gobiernos o sofisticados centros de hackers.
Por ello vale la pena resaltar los esfuerzos que desde el mismo periodismo se hacen para elevar la calidad de los contenidos y honrar su compromiso sagrado con las audiencias que buscan información confiable, real.
Mientras algunos utilizan la tecnología para tratar de desestabilizar, crear incertidumbre y ansiedades o fomentar la intolerancia, los estereotipos y las teorías conspirativas, el buen periodismo mantiene el foco en narrar y explicar los acontecimientos de relevancia para la sociedad y en trabajar con transparencia de cara a sus audiencias. No importa que los gigantes de la tecnología sigan premiando con sus algoritmos a los promotores de información falsa. O que hagan oídos sordos ante las voces que les piden asumir responsabilidad frente al tema. El periodismo de calidad sigue ahí, haciendo control social, incluso a las tecnológicas y a las redes sociales.
Uno de los ejemplos más completos y recientes de esos esfuerzos por promover un buen periodismo es la Journalism Trust Initiative (JTI), iniciativa del periodismo de confianza. Nació en 2019 tras un proceso colaborativo que siguió las directrices del CEN (Comité Europeo de Normalización). Más de 120 expertos y entidades, liderados por la Unión Europea de Radiodifusión (EBU) y la Agence France Presse, contribuyeron a la definición de los cerca de 150 criterios que debe cumplir un medio de comunicación para ser considerado transparente y de confianza. Dichos criterios están divididos en 18 áreas, que van desde la transparencia institucional (cuáles son sus fuentes de financiación, por ejemplo) hasta la revisión de los mecanismos que usan para garantizar su independencia editorial, las prácticas de rendición de cuentas internas y externas, el uso que le dan a la inteligencia artificial, el abordaje de historias a partir de miradas respetuosas de los derechos humanos y un enfoque incluyente en sus contenidos. Para obtener la certificación hay que cumplir con todos los criterios de excelencia.
La idea es que la exigente norma JTI no solo sea para que los medios se esfuercen más en su labor periodística. La ciudadanía puede usarla para hacer una elección informada sobre los medios que consume. Las redes sociales, si desean ayudar en la lucha contra la desinformación, pueden promover a los medios confiables que tengan la certificación JTI. Les sirve también a anunciantes y filántropos para tener una guía sobre la transparencia de los medios, como ya ha empezado a ocurrir en Europa.
El Espectador se sometió al ejercicio y, después de ocho meses bajo seguimiento riguroso de un evaluador independiente, logró la certificación JTI al periodismo transparente y confiable. Celebramos la noticia como un reconocimiento al trabajo realizado por esta casa periodística durante 138 años y, a la vez, lo asumimos con el enorme compromiso de hacer un periodismo cada vez mejor para estar a la altura de este sello de calidad que hemos obtenido.
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