Permitir la eutanasia para niños y adolescentes

La sociedad colombiana está en mora de reconocer dos realidades ineludibles. Primera, que hay ocasiones, más comunes de lo que se cree, donde el dolor que causa tratar una enfermedad incurable no debería ser sufrido por el paciente, quien tiene el derecho a una muerte digna. Segunda, que ese derecho también recae sobre los menores de edad. Seguir insistiendo en crear trabas burocráticas ante la reglamentación de la eutanasia, más que una posición moral, es respaldar tragedias innecesarias y crueles.

Este debate exige hablar de rostros reales. El año pasado la familia de un menor de edad que tenía una enfermedad terminal les pidió a los prestadores del servicio de salud realizar el procedimiento de la eutanasia. Fueron tantas las dilaciones de los encargados, claramente desinteresados en materializar el derecho fundamental del menor a una muerte digna, que el niño falleció antes de recibir respuesta. No sin antes haber pasado meses empeorando su situación, en claro dolor y causando mucho sufrimiento en sus familiares.

Es insensato que haya colombianos que tengan que pasar por eso. Algo similar dijo la Corte Constitucional en la Sentencia T-544 de 2017, donde le ordenó al Ministerio de Salud regular “el procedimiento para hacer efectivo el derecho a morir con dignidad de los niños, las niñas y los adolescentes”.

La semana pasada se filtró el borrador de la resolución con la que el Ministerio pretende cumplir la orden de la Corte. De materializarse, y no vemos motivos para que el Gobierno no cumpla con su deber constitucional, Colombia por fin tendría una regulación adecuada del derecho constitucional a una muerte digna, incluyendo a los menores de edad.

Dentro de las medidas contempladas por la normatiiva está la pregunta por los padres: ¿es necesaria su autorización? La respuesta del Ministerio es justa: depende de la edad. Si el niño tiene entre 6 y 12 años, la concurrencia de los padres será obligatoria y, además, la eutanasia deberá aplicarse de manera excepcional. Si se trata de un menor entre 12 y 14 años, se pedirá la firma de los padres, pero, si ellos están en desacuerdo con el menor, la decisión la tomará él. Finalmente, entre los 14 y 17 años se podrá realizar el procedimiento por petición exclusiva del paciente menor de edad.

La importancia de la norma no es menor, pues no sólo reconoce que la muerte digna es un derecho para todos los colombianos, sin importar su edad, sino que reconoce que incluso si no se ha alcanzado la mayoría de edad, los niños, jóvenes y adolescentes tienen autonomía y pueden ejercer sus derechos sin necesidad de sus guardianes.

Es una lástima que la reacción de la Iglesia católica haya sido la de oponerse sin chance al diálogo. En un comunicado, los obispos del país dijeron que se “están minando las bases de la sociedad y el camino hacia la verdadera paz”. En síntesis, dicen que es un asesinato.

El país no puede quedarse en esas visiones simplistas que, en la práctica, condenan a miles de colombianos cada año a sufrir innecesariamente. La eutanasia no es un asesinato; es, al contrario, un triunfo de la empatía y la compasión.

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