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Perú, desesperado, vira a la derecha. ¿Durará?

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01 de julio de 2026 - 05:00 a. m.
Perú decidió darle finalmente una oportunidad a Keiko Fujimori.
Perú decidió darle finalmente una oportunidad a Keiko Fujimori.
Foto: AFP - CONNIE FRANCE
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En medio del desespero por haber visto ocho presidentes distintos en 10 años, Perú decidió darle finalmente una oportunidad a Keiko Fujimori. La hija del autócrata y condenado por crímenes de lesa humanidad Alberto Fujimori, llega a la Presidencia en su cuarto intento. En otras tres ocasiones había perdido por menos del 1 % de los votos frente a Ollanta Humala (2011), Pedro Pablo Kuczynski (2016) y Pedro Castillo (2021). Ahora, por una diferencia ínfima de 49.641 votos, derrotó a Roberto Sánchez, quien ha desconocido los resultados, llamado a manifestaciones en las calles y anunciado acciones internacionales. La inestabilidad política del país vecino no parece tener fin a la vista.

Desde hace tiempo, analistas dicen que en Perú opera una doble gobernabilidad. Por un lado está la Presidencia, que vive entre incertidumbres y en constantes choques con la rama legislativa. Eso explica los repetidos juicios políticos que terminan en la destitución del presidente de turno y el hecho de que hayan vivido tanto tiempo con gobiernos de transición. Por otro, está el poder económico, que opera más allá de esas crisis y ha logrado mantener el país a flote. Por supuesto, no se trata de una buena fórmula para administrar un país; por lo cual cada elección se convierte en un referendo sobre los reclamos válidos que la ciudadanía tiene y no han sido atendidos por el Estado.

En este caso, la decisión deja a Fujimori con serios problemas de legitimidad. Después de 22 días de escrutinios, un tiempo inaceptable que invita a considerar reformas a la manera en que se hace el conteo, el resultado es muy reñido. Más importante aún, Fujimori perdió en el territorio peruano. Sánchez obtuvo 32.014 votos más que Fujimori en las urnas del Perú y la nueva presidenta solo ganó en nueve de las 25 regiones del país. Su triunfo se lo debe a la diáspora. En los consulados y embajadas, Fujimori le sacó una diferencia de 81.655 votos a Sánchez, suficientes para obtener 50,1 % de los votos válidos en toda la elección. Está lejos de ser un mandato contundente y ella lo sabe. En su discurso de victoria, dijo: “Recibimos este resultado sabiendo que nuestro país está prácticamente dividido y tenemos la gran responsabilidad de escuchar a ambos lados”.

Sin embargo, a diferencia de pasados gobiernos, Fujimori cuenta con mayorías en el Congreso, lo que le puede garantizar margen de maniobra. Carga encima la inestabilidad que comentamos antes y también la herencia de su padre, que sigue siendo una herida abierta en el país. Mientras Sánchez seguirá desconociendo los resultados, la presidencia de Fujimori puede entrar en problemas bastante rápido. Y ya sabemos que al legislativo peruano no le cuesta iniciar procesos de destitución al presidente de turno.

Con el Perú se sigue consolidando el viraje hacia la derecha y ultraderecha en Sudamérica. El presidente saliente colombiano, Gustavo Petro, dijo de manera irresponsable que Sánchez había ganado antes de que se contaran todos los votos. Sus críticas a Fujimori fueron una indebida injerencia extranjera en el proceso de otro país; lo mismo que Petro denunció en estos días a propósito de los también graves comentarios de Donald Trump sobre la elección en Colombia. La diplomacia y el respeto a los otros países ha muerto en esta política moderna de hiperpersonalismos. En vísperas de la elección en Brasil, puede que toda la región termine en manos de políticos conservadores. Esa dinámica de reformismo y contrareformismo, si no se administra bien, puede llevar a profundizar la fractura y la división de las que habló Fujimori en su discurso. Parece que todos los países estamos pasando por los mismos dolores, sin respuestas claras a la vista.

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