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La polio resucita

La poliomelitis, enfermedad infecciosa que causa parálisis infantil al deteriorar el sistema nervioso, es una de esas condiciones de salud que la humanidad creía erradicada: iba a pasar a la lista que ocupan la viruela o la peste bovina, las únicas dos en el mundo que ya no existen por cuenta de campañas agresivas de erradicación que tuvieron un éxito singular.

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El Espectador
10 de mayo de 2014 - 01:16 a. m.
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Justo cuando la comunidad mundial creía que esta amenaza contra la vida de las personas iba a ser un mero recuerdo científico, vuelve a ser una preocupación médica hoy. Renace. Hace apenas unos días, la Organización Mundial de la Salud decidió declarar nada menos que una emergencia de salud pública de interés internacional. De mucho cuidado.

Guinea Ecuatorial e Irak son los dos últimos países víctimas de ese flagelo que se esparce sin consideración de fronteras ni de razas ni de países ni de restricciones geográficas ni de clima: de Siria a Irak, de Camerún a Guinea Ecuatorial, de Pakistán a Afganistán. Así de sencillo. Si no se toman las medidas necesarias, que deben ser fuertes y contundentes por parte de Estados serios, que en estos casos deben ser interventores, es posible que se propague a un nivel insostenible de epidemia y tengamos que ver, de nuevo, sus síntomas alrededor del mundo. Este año, por no ir muy lejos en el tiempo, el aumento de los casos es del 183%. Ya se toman algunas medidas: el Gobierno colombiano pidió a los adultos que viajen a Brasil por estas fechas que se apliquen la vacuna, al igual que quienes vayan a Asia o África.

La OMS ha sugerido, de igual forma, que las personas se vacunen aproximadamente un mes antes de viajar. Todo esto debe redundar en un esfuerzo internacional conjunto. Porque es que aunque la cifra de los enfermos de este año luce muy pequeña, 68 casos, los expertos temen que se propague a países que están libres de la enfermedad, a los que tengan sistemas de salud pública precarios (como Colombia) o a aquellos en los que existen guerras externas y conflictos. Y es fácil. De siete docenas de personas, con una enfermedad infecciosa de fácil propagación, es relativamente sencillo llegar a los cientos de miles que la polio mató o dejó lisiadas hace 30 años. Ojalá que no sea así. Sería terrible que ese esfuerzo humano de erradicar de la naturaleza las enfermedades quede en la nada. No se puede botar al traste tanto esfuerzo invertido en una causa positiva, cuando ya parecía haber tenido pleno éxito.

Mucho más allá de seguir las recomendaciones (que sí, toca cumplir al pie de la letra) hay que tomar acciones: un llamado conjunto a nivel global para que estos países donde la polio reapareció con fuerza tengan jornadas de vacunación intensivas, así como la ayuda de donantes de sectores privados o públicos. Es lo mínimo que puede hacerse ante este panorama. Y en Colombia, un país con medicina preventiva bastante precaria, es imperativo que las personas entiendan la importancia de las jornadas de vacunación gratuita. Ya ha comenzado a publicitarse masivamente, empeño que no puede detenerse. Un caso de polio es suficiente para desatar un desastre y revivir una enfermedad que se creía casi extinta. Manos a la obra. Sin triunfalismos ni con la idea complaciente de que por ahora la enfermedad está muy lejos.

Por El Espectador

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