Incluso si ómicron logra que en Colombia aumente el número de contagios, ayudada por las épocas de fiestas y encuentros familiares, la buena noticia es que todo apunta a que las hospitalizaciones y muertes se mantendrán bajas. Esto se debe a que Colombia es uno de los países con tasas más altas de vacunación y que ya llevamos más de dos millones de personas mayores de 50 años con la tercera dosis de refuerzo. Dentro de los análisis de fin de año que deben hacerse, uno que es bastante positivo es el del desempeño de todo el sistema de salud. A pesar de las crisis, tenemos motivos de orgullo.
El país tuvo meses difíciles durante la tercera ola, que se convirtió en meseta. Esas tragedias, que además se conectaron con el paro nacional y el estallido social, no pueden olvidarse al momento de sacar balances de lo ocurrido. Seguiremos siendo un país en duelo por años. En estas fiestas, miles de familias colombianas se encontraron sin sus seres queridos por culpa de la pandemia. Cualquier relato del éxito en la lucha contra el COVID-19 debe reconocer que el número de muertos en el país es abrumador y una tragedia nacional.
No obstante, Colombia está hoy en un mejor momento. Llevamos meses con tasas bajas de contagios. El proceso de vacunación ha sido tan bien recibido, que las cifras de personas inmunizadas están superando a países con muchos más recursos que los nuestros. El sistema de salud, justamente criticado por escándalos de corrupción y de falta de financiación, logró enfrentar la crisis con valentía, resiliencia y conservando principios básicos necesarios, como el bajo coste en todos los tratamientos. Como dijo el ministro de Salud, Fernando Ruiz, en entrevista reciente para Colprensa: “Hay países muy parecidos a nosotros en los que las familias han tenido que endeudarse para poder pagar los cuidados intensivos. En Colombia no ha sucedido eso. Ese aprendizaje y ese reforzamiento, así como una valoración de lo que es el sistema de salud colombiano, han sido importantes. Entramos aquí con una crisis de legitimidad muy grande del sistema de salud. Todavía existen inquietudes, pero el sistema de salud, los médicos, los trabajadores de salud, todos respondieron”.
Ese aprendizaje es también un mensaje para todos los políticos que serán elegidos en las votaciones del año entrante y en las regionales que vendrán después. Cuando se prioriza sin miramientos la inversión en el sistema de salud, este responde de maneras extraordinarias. Varias alcaldías y gobernaciones tuvieron que redirigir recursos, pero los resultados están sobre la mesa. Los debates usualmente estancados sobre qué hacer con el derecho a la salud deben alimentarse de las buenas experiencias de estos dos años de pandemia.
Aún no hemos salido del problema, por supuesto. Pero por primera vez desde el inicio de la tragedia tenemos varias ventajas. Si continuamos con los cuidados, como el uso del tapabocas, la ventilación, el distanciamiento y el lavado de manos, y los acompañamos con una dosis de refuerzo de las vacunas cada semestre, mientras hay soluciones de más largo plazo, el COVID-19 se convertirá en una enfermedad endémica, una amenaza mucho más manejable. Esa es una gran noticia justo antes de empezar 2022.
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