¿Sabe usted de dónde viene la carne que se come? ¿Tiene manera de verificar que, con su dinero, no está financiando procesos de deforestación en el país? Quizás para responder esas dos preguntas hay que dar un paso atrás y formular una inquietud previa: ¿tiene manera de enterarse de manera confiable de esos datos? La respuesta no es tan sencilla.
Aunque la industria cárnica en todos los puntos de la cadena de producción hasta que llega a los restaurantes ha reiterado su compromiso con evitar la deforestación, la realidad es que en Colombia todavía hay dificultad para que las personas entiendan de dónde viene la carne que consumen. En el Congreso de la República avanza un proyecto para mejorar la trazabilidad, pendiente de un debate, pero el tema no se tratará hasta que no haya elecciones y se acabe el eterno receso legislativo. Mientras tanto, sin embargo, hay noticias desde los estrados judiciales que dan pistas sobre cómo podemos empezar a enterarnos de dónde viene lo que comemos.
En una sentencia de segunda instancia, el Juzgado Diecisiete Civil del Circuito de Bogotá obligó a McDonald’s a dar cuentas sobre el origen de la carne que sirve en sus múltiples restaurantes de cadena. La decisión judicial surgió de una tutela interpuesta por la organización Shambala, que lucha por la protección de los derechos ambientales. En palabras de la ONG, “bajo el argumento de que las organizaciones ambientales son sujetos sociales que cumplen funciones análogas a las de los periodistas, como la labor pedagógica de difundir información, interpusimos un derecho de petición a McDonald’s (Arcos Dorados S.A.S.), una de las cadenas distribuidoras de productos cárnicos más grandes del país. Este derecho de petición contenía 20 preguntas específicas relacionadas con la trazabilidad de la carne que utilizan en sus restaurantes”. Sin embargo, como Arcos Dorados no dio una respuesta suficiente, interpusieron una tutela que ganaron en primera y segunda instancia. Con esto, se expande la jurisprudencia creada por la Corte Constitucional en la Sentencia T-534 de 2024, sobre este mismo tema.
Aunque McDonald’s argumentó que entregar esa información implicaba romper con su secreto comercial y la ubicaba en una desventaja competitiva, no tiene sentido que algo así ocurra. Más bien, lo que debería establecerse es una buena práctica de todos los restaurantes que sirven carne en el país: contar, de manera verificada e independiente, cómo obtienen sus insumos. Una de las principales causas de deforestación en Colombia es la transformación de áreas en pastos para la ganadería. Por eso, los colombianos merecen saber que hay buenas prácticas detrás de cada plato que consumen.
En todo caso, el proceso de tener que solicitar la información de manera formal es muy engorroso. El proyecto de ley que cursa en el Congreso, con apoyo de la Federación Colombiana de Ganaderos, permitiría sincronizar tres sistemas de información: el del Instituto Colombiano Agropecuario, el del Instituto Geográfico Agustín Codazzi y el del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales. Cuando los congresistas dejen de estar distraídos con elecciones, aprobar esta medida debería ser una prioridad.
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