El presidente de la República, Gustavo Petro, critica de manera constante a los medios por “desinformar” y compartir versiones de hechos que, a su parecer, no están bien sustentados. Sin embargo, no deja de ser llamativo que al tomar decisiones dentro de la Casa de Nariño el mandatario se base en información parcial o insuficiente, mientras advierte al país de hechos que luego no puede probar. La ligereza con la que se ha tratado el supuesto sabotaje a su visita a Donald Trump en Estados Unidos es uno de varios ejemplos del mal manejo de la información. El presidente y su círculo más cercano se atienen a rumores de mensajes “anónimos” y al parecer no se percatan del juego de tronos que está ocurriendo dentro de su administración.
Colombia quedó sacudida con las afirmaciones que hizo el presidente Petro. Según él, un informe anónimo que llegó a la Colombia Humana, y que luego desencadenó un informe de la Dirección Nacional de Inteligencia (DNI), sugería que su visita al presidente estadounidense iba a ser saboteada. Dentro de las acusaciones más llamativas estaba la intención de “plantarle cocaína” al vehículo oficial dentro de ese país para causarle un problema al mandatario de los colombianos. El presidente exigió respuestas y responsabilidades. El país entero reaccionó horrorizado. El general Edwin Urrego y el coronel Óscar Moreno fueron destituidos. Solo hay un problema: a la fecha no se conocen evidencias del supuesto plan. De hecho, la Casa de Nariño ha cambiado los motivos que llevaron a todo el escándalo. Un anónimo terminó en desinformación y en un actuar impulsivo de la Presidencia.
El exministro de Justicia Andrés Idárraga fue claro en conversación con El País de España: “Es probable que hayan malinformado, de manera intencional, al presidente de la República”. Con más prudencia, quizá porque todavía conserva su cargo, habló el ministro de Defensa, Pedro Sánchez, en Caracol Radio: “Con desinformación se afectan honras y carreras. Es muy grave que esto llegue a ser cierto, pero también sería supremamente grave que no lo sea”. Han también empezado a conocerse “coincidencias”. El general Urrego, por ejemplo, estuvo a cargo de la diligencia llevada a cabo en la vivienda del ministro del Interior, Armando Benedetti. El jefe de la cartera política, por supuesto, niega cualquier interés en lo ocurrido. Empero, sigue siendo desconcertante la fe ciega que le ha profesado a ese servidor público el presidente Petro, tan dado a crear conspiraciones en otros espacios.
En todo caso, el problema es que la Casa de Nariño opera con base en chismes y el país nunca se entera de qué termina pasando. No olvidemos que Idárraga denunció haber sido interceptado ilegalmente, mientras el ministro Sánchez lo desvirtuó y el director de la Unidad Nacional de Protección, Augusto Rodríguez, lo acusó de tener influencias malsanas en la Fiscalía. Hace poco les dedicamos este espacio a las acusaciones que hizo el presidente Petro contra la fiscal general de la nación, Luz Adriana Camargo, y su familia, también basadas en “anónimos”. Y ni hablar del desprestigio contra Noticias Caracol por atreverse a publicar los archivos secretos de alias “Calarcá”, que desde Presidencia descartaron como producto de una operación de sabotaje.
No nos cabe duda de que dentro de la administración Petro hay personas buscando hacer quedar mal al presidente. Lo que nos cuesta comprender es que el mandatario sea tan descuidado al momento de tomar decisiones y lanzar acusaciones que estigmatizan y arruinan la carrera de personas en el servicio público. La irresponsabilidad no es la forma de enfrentar las conspiraciones. Mucho menos la impulsividad. Todo por, usando una de las palabras favoritas del ministro del Interior, “chismes”.
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