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Primero el terremoto, luego El Niño

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14 de agosto de 2026 - 05:05 a. m.
Nos parece evidente que la agenda del nuevo gobierno de Abelardo de la Espriella estará marcada por el terremoto y el fenómeno de El Niño.
Nos parece evidente que la agenda del nuevo gobierno de Abelardo de la Espriella estará marcada por el terremoto y el fenómeno de El Niño.
Foto: EFE - HOTLI SIMANJUNTAK
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No hemos salido de la emergencia producida por el terremoto en el Chocó, cuando a la vuelta de la esquina se sigue anunciando el fenómeno de El Niño. El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) aumentó este jueves las probabilidades de que la intensidad del fenómeno sea “muy fuerte”. Aunque el país viene advirtiendo la necesidad de adaptación rápida y preparación, ahora con la nueva realidad se hace aún más urgente que tengamos una estrategia clara de mitigación. Atender los desastres del terremoto debe hacerse en la misma conversación que las medidas tomadas para evitar que El Niño implique más sufrimiento sobre un país herido.

Según el Ideam, la probabilidad de un Niño “muy fuerte” es del 69 %, lo que significa que sería uno de los más intensos en décadas. La expectativa es que eso ocurra en octubre, noviembre y diciembre de este año, por lo que ya casi no tenemos tiempo de espera y necesariamente se encontrará con la respuesta que Colombia le está dando al terremoto. En su comunicado, el Instituto explicó que “los escenarios probabilísticos más recientes indican una probabilidad superior al 70 % de que las anomalías de temperatura superficial del mar en la región Niño 3,4 (el área el océano Pacífico donde los científicos recopilan datos sobre el avance de este fenómeno) superen el umbral de 2 °C, lo que ubicaría al evento dentro de la categoría de intensidad muy fuerte entre los meses de septiembre de 2026 y febrero de 2027”.

Un fenómeno de El Niño “muy fuerte” significa que habrá más demanda hídrica en los sectores productivos y disminución en los caudales de ríos y quebradas, embalses y reservorios, lo que implica que habrá sequías. Eso, a su vez, pondrá en aprietos nuestro sistema de energía nacional, pues habrá olas de calor. Como ha contado en varias ocasiones la sección Vivir de El Espectador, es esperable que ocurra “deshidratación (sobre todo en niños y adultos mayores), insolación, mayor transmisión de dengue, zika y chikunguña son algunas de las consecuencias esperadas, además de posibles enfermedades respiratorias por incendios y deterioro del aire”.

La situación ya era muy complicada en condiciones “normales”, pero El Niño aterrizará en una Colombia transitando el duelo colectivo del terremoto, con capacidades institucionales limitadas y recursos escasos. Las poblaciones más vulnerables que fueron afectadas por el terremoto también estarán bajo presión de las condiciones climáticas. ¿Cómo podemos garantizar que la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres esté en capacidad de enfrentar los problemas que surgirán?

Nos parece evidente que la agenda del nuevo gobierno de Abelardo de la Espriella estará marcada, por lo menos en su primer año, por las urgencias que surgen a partir de estas dos situaciones. Presidencia y Congreso deben trabajar de manera coordinada y veloz para contarle a Colombia cuáles son las medidas que se implementarán. También debe incluirse al sector privado, en particular las empresas de energía, para entender en tiempo real cuáles son las necesidades a medida que vayan cambiando. No tenemos mucho tiempo y el aturdimiento nacional es una dificultad que suma a la complejidad de los próximos meses. Las prioridades deben estar claras.

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