Recuperar la Procuraduría

Ojalá el nuevo procurador lidere el debate sobre cómo evitar que las funciones del Ministerio Público, en un futuro, sean utilizadas, sin ningún tipo de freno, con fines políticos.

El nuevo procurador, Fernando Carrillo, no puede dejar de lado la necesidad de proteger a los sectores marginados por quien antes ocupó su cargo, así como liderar el debate de la reforma a las funciones mismas de la Procuraduría. / Foto: Mauricio Alvarado - El Espectador

El lunes se posesionó el nuevo procurador general de la Nación, Fernando Carrillo, en un acto frente al presidente de la República, Juan Manuel Santos. Sobre sus hombros recae el reto no menor de devolverle al Ministerio Público la reputación perdida durante los ocho años del destituido Alejandro Ordóñez, así como demostrar su necesaria independencia ahora que el país parece comprometido con librar una guerra sin cuartel contra el veneno de la corrupción. Tampoco puede dejar de lado la necesidad de proteger a los sectores marginados por quien antes ocupó su cargo, así como liderar el debate de la reforma a las funciones mismas de la Procuraduría.

Dijo Carrillo, durante su posesión, que “hoy comienza la era de la Procuraduría de la gente”. También se comprometió a dejar atrás “el escepticismo y la polarización”, así como servir de freno “al populismo y al autoritarismo”. Lanzó, además, un diagnóstico que se ha vuelto común, pero que no por eso deja de ser necesario: “Los peores enemigos de Colombia ya no portan fusiles, sino coimas”.

Por su parte, el presidente Juan Manuel Santos aprovechó el evento para decir que “la corrupción, no la guerra, es hoy el peor enemigo del país”, y les dijo a los órganos de control que “somos aliadas, no adversarias ni rivales”.

Si bien ese último mensaje se recibe bien por la dañina participación en política que caracterizó a la Procuraduría de Alejandro Ordóñez, harían bien Carrillo, el fiscal y el contralor en recordar que la mejor manera de dirigir sus instituciones es olvidándose de quienes los eligieron, pues en su servicio al pueblo colombiano tienen que garantizar total independencia y, especialmente, capacidad de dar a conocer la corrupción también de aquellos que están en el poder. El caso Odebrecht es sólo el último recordatorio de cómo los tentáculos de quienes buscan defraudar los recursos públicos se extienden por todas las ramas del poder.

En ese sentido, la Procuraduría de Carrillo tiene que dar ejemplo de transparencia. Atrás deben quedar los juicios ideologizados que luego terminan siendo anulados por el Consejo de Estado o por instancias internacionales. No debe quedar duda de que el Ministerio Público trabaja para todos los colombianos y que tendrá la lupa puesta sin preferencias políticas.

Sólo así podrá sacudirse de encima el daño a su reputación que, entre otras cosas, ocasionó el motivo de la destitución de Ordóñez: el nombramiento en posiciones dentro de esa institución de parientes de magistrados de la Corte Suprema de Justicia, quienes después votaron para nominarlo a su reelección.

Otra de las funciones que debe recuperar la Procuraduría es el acompañamiento y protección a los colombianos más vulnerables. Además de abandonar la cruzada contra los derechos de las personas LGBT y de las mujeres, el Ministerio Público debe demostrar su disposición de resguardar a los protectores de derechos que están siendo perseguidos en las regiones. En ese sentido, tranquiliza la declaración de Carrillo: “Que sepan los más vulnerables, las mujeres, los niños, las comunidades campesinas, afrodescendientes, indígenas, discapacitadas, aquellas con enfoque diferencial, que esta es una Procuraduría de todos y para todos”.

Finalmente, ojalá el nuevo procurador lidere el debate sobre cómo evitar que las funciones del Ministerio Público, en un futuro, sean utilizadas, sin ningún tipo de freno, con fines políticos.

Insistimos: no es menor el reto, pero la Procuraduría es una de las instituciones llamadas a permitir que se construya un país más incluyente y sin corrupción.

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