Redescubrir el primer río de Bogotá

Conocido en lengua muisca como Vicachá y luego renombrado como quebrada San Francisco, este curso de agua que nace en el páramo de Choachí y vierte sus aguas en pleno centro de Bogotá siempre ha formado parte de la historia de la ciudad.

Como fuente del acueducto llamado de Aguanueva, inaugurado en 1757, surtió a la ciudad al decir de los cronistas con “las aguas más dulces” hasta finales del siglo XIX y fue paseo preferido de los habitantes de la ciudad colonial. Agua y recreación, dos temas relacionados, vigentes y todavía por desarrollar en la gran ciudad del siglo XXI. Hoy, la Bogotá Humana de Petro anuncia “liberar los espacios del agua”. Sin duda, significa que lo primero que hay que hacer es rescatar a estas fuentes del olvido. Vicachá —San Francisco, primer río de Bogotá— podría ser parte de un nuevo capítulo de la historia de la relación del agua y la ciudad.

La parte alta de su cuenca discurre en medio de los emblemáticos Monserrate y Guadalupe, ejemplo sobresaliente de la primera política pública de recuperación de los espacios del agua, en una ciudad que lentamente despertaba del largo letargo colonial. Allí, la quebrada, bastante limpia y con vida natural, se acerca a la ciudad a la altura de la hacienda Molinos, memorable casa colonial recuperada por el Acueducto de Bogotá. Cerca de ella quedaba el Chorro Padilla, de donde se surtían las acequias y fuentes para Santafé.

Más abajo queda la Quinta de Bolívar, hacia donde la quebrada discurre conformando hoy un espacio de miedo y exclusión social en lo que podría ser un espectacular sendero ecológico y cultural. Liberar los espacios del agua y “re-naturalizarlos” en este sector es una oportunidad para que el Jardín Botánico permita recobrar la memoria perdida de la naturaleza del piedemonte de los cerros.

En la parte frente a la Quinta de Bolívar en donde la quebrada está sepultada, la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá tendría el trabajo pesado de levantar estructuras y materiales para que aparezca el curso de agua, que debería entrar a tratamiento de restauración ecológica y paisajismo. Más abajo, la quebrada reaparece integrada en la estructura artificial del famoso Eje Ambiental de Salmona.

El conjunto formaría de nuevo un “paseo del agua” que podría integrarse como una forma de ver la naturaleza y la cultura urbana, dándole valor agregado a lo que ya es un destino turístico obligado. Las instituciones del Distrito Capital ya tienen las capacidades en la ingeniería, la ecología y el paisajismo, para renaturalizar este sitio.

No es tan claro todavía cómo sería la administración de este espacio, que sin exclusión social debe ser mantenido, interpretado y puesto de manera segura al alcance de los visitantes. Las instituciones allí presentes, entre ellas renombradas universidades, podrían contribuir en una forma concreta de responsabilidad social y ambiental extendida a sus inmediatos entornos.

Vicachá, el paseo del agua, sería además un piloto para el tratamiento inclusivo de las reserva de los Cerros Orientales y una oportunidad literalmente histórica para una Bogotá naturalmente más humana.

 

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