Resultado agridulce en EE. UU.

Tanto el Partido Demócrata como el Republicano tienen motivos para declararse victoriosos en la elección. El mundo sigue en vilo mientras Estados Unidos busca su alma. / Foto: AFP

Estados Unidos sigue buscando su alma. En unas elecciones de importancia monumental, con participaciones históricas, tanto el Partido Demócrata como el Republicano tienen motivos para declararse victoriosos. Mientras tanto, el presidente Donald Trump protagonizó una bravata durante la conferencia de prensa posterior a los sufragios y sigue demostrando sus peores rasgos autoritarios.

El mundo está en vilo desde que la democracia estadounidense puso a un presidente que ha profesado admiración por dictadores y cuyos representantes llegan a decir que “la verdad no es la verdad”. Tal vez lo más frustrante ha sido ver cómo el Partido Republicano no ha visto problema en los instintos mezquinos de Trump: en su concepción, tener control de la Casa Blanca y del Congreso es todo lo que importa. El resultado es que poco a poco se han ido erosionando las instituciones de ese país, con consecuencias que afectan a todos los países, por la importancia internacional que tiene Estados Unidos.

Por eso, las elecciones de este martes, donde se renovaron la cámara baja y parte de la cámara alta del Congreso, así como varias gobernaciones, era la primera oportunidad de ver qué tanto los demócratas iban a poder responder al trumpismo. El resultado es agridulce.

Los republicanos dicen que triunfaron, pues no solo evitaron una “ola azul”, como se llamó al aumento en el interés entre los demócratas por votar en unas elecciones que históricamente tienen baja participación, sino que obtuvieron tres nuevos escaños en el Senado, consolidando su control en ese espacio. El resultado puede ser nefasto: no habrá problema, por ejemplo, con llevar a la Corte Suprema de Justicia a cualquier nominado que proponga el presidente Trump si tiene la oportunidad de hacerlo.

Lo que no cuentan los del partido del elefante es que sus triunfos se deben, no en menor medida, a varias tácticas preocupantes. Abundan las denuncias de supresión de votantes pertenecientes a minorías, gracias a leyes que restringen la participación exigiendo requisitos ridículos, así como tácticas de delimitación de distritos pensadas para fortalecer a los republicanos.

Por otro lado, los demócratas recuperaron la Cámara de Representantes, en un triunfo que promete, por lo menos, mermar la capacidad de influencia de Trump. Además, le dieron la vuelta a siete gobernaciones clave, incluyendo victorias en estados que le dieron el triunfo al presidente en el 2016; obtuvieron total control de las legislaturas y el ejecutivo en seis estados, y lograron que tres estados conservadores (Idaho, Nebraska y Utah) aprobaran en las urnas expansiones del plan de salud insignia de la presidencia de Barack Obama.

La diferencia entre las propuestas de país de los dos partidos nunca estuvo más clara. Los demócratas eligieron a 82 mujeres a la Cámara de Representantes (de las 95 en total que obtuvieron triunfos), incluyendo a las dos primeras musulmanas y dos primeras indígenas en llegar al Congreso, así como la mujer más joven en ser parlamentaria: Alexandria Ocasio-Cortez, con 29 años. También eligieron al primer gobernador abiertamente gay en ese país. Los jóvenes, por su parte, fueron clave en los triunfos demócratas, hablando de un futuro que quiere empujar al partido más hacia la izquierda.

Mientras tanto, el presidente Trump, en rueda de prensa, le gritó a un periodista de CNN que era una “persona terrible”. A otro que le preguntó si haberse proclamado “nacionalista” había empoderado a los nacionalistas blancos, le contestó: “Esa es una pregunta racista”. A la vista están las presidenciales del 2020. ¿Qué decidirán los estadounidenses?

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