Rodear a la Comisión de la Verdad

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Hay fuerzas interesadas en desacreditar, de manera injusta, a la Comisión de la Verdad, a su director y a los comisionados. Un estudio realizado por Colombia 2020 de El Espectador, analizando 83.680 datos de Twitter durante los últimos seis meses, encontró patrones preocupantes que son evidencia del temor que hay en ciertos sectores ideológicos contra el proceso de construcción de un relato que le cuente al país qué fue lo ocurrido en los años del conflicto. Es de esperar que, con el paso de los meses y la cercanía a la presentación del informe, justo en épocas de las próximas elecciones, el juego sucio continúe buscando minar la labor tan importante que se está haciendo. El país, el Gobierno y la comunidad internacional deben rodear a los comisionados para no perder la oportunidad histórica que tenemos en la Comisión.

El Sistema Integral de Justicia, Verdad y Reparación creado por el Acuerdo de Paz en La Habana es uno de los aportes más ambiciosos e importantes a la reconciliación de Colombia. Allí, la Comisión de la Verdad es un espacio atractivo, pues por no ser una instancia judicial, tiene serios incentivos para que cualquier persona relacionada con el conflicto aporte sus testimonios. El objetivo es claro: construir un relato complejo y lo más completo posible de qué fue lo que ocurrió, quiénes fueron los actores y cómo surgieron tantas víctimas.

En otros países que han vivido fuertes conflictos internos las comisiones de la verdad siempre han sido figuras polémicas. Cuando se dejan a un lado los fusiles, siempre hay quienes prefieren pasar la página y seguir adelante sin mayores reflexiones, pretendiendo que nada ocurrió. Sin embargo, se sabe, por experiencias internacionales y colombianas, que la falta de relatos para explicarnos el horror es uno de los motivos por los que las sociedades no sanan, no aprenden de sus tragedias y permiten que las víctimas se sientan frustradas. Allí donde se ha permitido que las comisiones de la verdad operen de la manera más libre, disciplinada y transparente posible, sus hallazgos han creado conversaciones útiles. Colombia no debería ser diferente.

Lo que hemos conocido del trabajo de la Comisión de la Verdad ha sido esperanzador. El liderazgo del padre Francisco de Roux y la elección de los comisionados, así como los conversatorios y los espacios que se han abierto en las regiones para recolectar los testimonios y hacer encuentros con la comunidad, muestran la importancia de su labor. Por eso, es frustrante que persistan las campañas de desprestigio y ataques. ¿Por qué le temen a un informe que pretende ayudarle a Colombia a construir un mejor futuro en paz, reconociendo su pasado? ¿No deberían, más bien, estar haciendo lo posible por facilitar el trabajo de la Comisión?

Ya sabemos cómo opera la desinformación. Dentro de lo analizado por Colombia 2020, tal vez lo más diciente es un meme donde acusan a De Roux de decir que “policías y soldados no estaban secuestrados, sino pagando cárcel en la selva”. Si se observa la frase completa, sacada de una entrevista de El Tiempo, podrían comprobar que el director es una persona ejemplar para la labor que le ha sido otorgada. “Hay que escuchar a todas las víctimas”, dijo el padre. “A los soldados sin piernas, a las mamás de los militares que se perdieron en la selva, que quedaron en manos de la guerrilla y nunca se los encontró, a los hombres del Ejército que pasaron 10 años en una cárcel en la selva, a las familias que fueron masacradas por paramilitares, a la gente que fue extorsionada, a la que sufrió por falsos positivos del Ejército”. Así es. Por fortuna, la Comisión los está escuchando.

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