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Una de las noticias más vistosas que dejó la celebración de la Semana Santa en Colombia fue la “protesta satánica” que se llevó a cabo en Bogotá. En los videos que se difundieron en redes sociales se ve el uso de cadenas con símbolos religiosos, maquillajes oscuros y llamativas prendas de látex. También se escuchan algunos gritos de protesta hacia los casos de pedofilia en la Iglesia católica. Lo extraño es que, en un comunicado posterior a los hechos, el Ministerio del Interior haya condenado lo ocurrido hablando de “violencia” y “odio”. ¿Dónde quedan los derechos a la manifestación, a la libre expresión y, sí, también a la libertad de culto?
La indignación era el punto, por supuesto. La movilización “satánica” tuvo seis distintas paradas y, según los organizadores, el objetivo era denunciar casos de abuso policial, así como de abuso cometidos dentro de la Iglesia católica. El momento que más se viralizó fue cuando protestaron frente a la iglesia de San Francisco, que queda en el centro de la capital del país. En los videos se ve a los manifestantes gritando mientras se realizaba la misa, lo que llevó a una tensión con los feligreses e intercambio de insultos. Era pleno Viernes Santo y, claro, muchas personas se sintieron ofendidas por lo que consideran un irrespeto a su religión. La pregunta necesaria es: ¿una protesta debe ser respetuosa con una religión particular?
En un fuerte comunicado, la Dirección de Asuntos Religiosos del Ministerio del Interior sentó una postura rotunda. Según la entidad, en los actos de protesta “se registraron agresiones verbales, cánticos ofensivos y actos de intimidación por parte de un grupo de personas que se autodenominaban como participantes de una ‘procesión satánica’”. Por esto, quienes se manifestaron “vulneraron el derecho de los feligreses a ejercer su fe en condiciones de respeto y tranquilidad”. En conclusión, “el Ministerio del Interior rechaza de manera enfática cualquier manifestación que promueva el odio, la discriminación o la violencia basada en las creencias religiosas”, y por eso pide “a las autoridades competentes adelantar las investigaciones correspondientes”.
En un país tan religioso como Colombia es poco popular defender una manifestación que se autoproclama “satánica” y que busca precisamente incomodar a esa mayoría de personas. Sin embargo, lo que está en juego son las libertades individuales, el carácter laico de la Constitución y un entendimiento esencial sobre lo que permite y no permite la libre expresión. Por las descripciones que conocemos, no hubo agresiones físicas. Si en algún momento hubo invasión del espacio privado, por supuesto que eso sería reprochable, como lo es en todas las manifestaciones. Sin embargo, el comunicado del Ministerio del Interior hace afirmaciones peligrosas para la Carta Política.
Por ejemplo, al hablar de “cánticos ofensivos”, ¿acaso eso no está protegido por la libertad de expresión? ¿Quién decide qué es ofensivo y qué no? ¿Por qué le corresponde al Ministerio tomar la decisión de lo que las personas pueden o no cantar en medio de manifestaciones públicas? Los “actos de intimidación” no son claros en los videos, a menos que el Ministerio entienda que utilizar las vías públicas vestidos de cierta manera y expresando ciertas ideas son motivo suficiente para sentirse intimidado. Los feligreses pudieron continuar la misa y la Semana Santa no se vio interrumpida. Entonces ¿dónde está el daño? ¿Por qué se habla de manifestaciones que promueven el “odio” o la “discriminación”? ¿Acaso las religiones no se pueden cuestionar? ¿Los abusos no se pueden denunciar? El Estado no puede caer en dogmatismos de preferir unas creencias sobre otras; eso sí viola la libertad de culto.
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