Se viene Oslo

El día de mañana empiezan los preparativos para definir la mecánica del proceso de paz entre el Gobierno y la guerrilla.

Un paso más en la segunda etapa de este proceso en el que, por fin, se ve una ventana de oportunidades clara y abierta: es el momento histórico más favorable, en años, para negociar la paz. No solamente por el debilitamiento progresivo de la guerrilla, su leve cambio del otrora discurso enteramente guerrerista y algunas acciones (como liberar a todos los secuestrados políticos), sino también por la sensatez del Gobierno de no dejar pasar estas señales pese a haber sido elegido con otras banderas.

Un gobernante, sea de la tendencia que sea, debe evaluar siempre las posibilidades para que su país esté mejor. Tiene que correr el riesgo, incluso, de ser impopular. Y pese a que se le reclame estar dejando algunos otros asuntos a la deriva, éste, que tiene gran parte de su atención, ha sido llevado por el presidente Santos con el buen cuidado y el juicio que requiere.

Dos años —que es relativamente muy poco en términos de un proceso de paz— tardaron los representantes de parte y parte fijando una agenda de fondo con cinco puntos primordiales y sensatos. Desarrollo rural el primero y, muchas veces, el fundamental para que haya guerra o disputas en Colombia. Garantías para la oposición política, una de las cartas principales que las Farc ponen sobre la mesa (con el recuerdo de la Unión Patriótica siempre fresco) y que, a decir verdad, hace falta en un país que se ha distinguido por perseguir a sus rebeldes a lo largo de la historia. El fin formal del conflicto, con la lógica dejación de las armas, el paso más difícil pero a la larga el primero en la lista. El narcotráfico, eje central de la guerra en el país, y finalmente la reparación a las víctimas con todas las de la ley.

El qué está más que respondido. Ahora, las preguntas pendientes, que son el cómo y el cuándo, tendrán su respuesta pertinente en Oslo. Este escenario noruego es una reunión en la que se definirán los aspectos logísticos del funcionamiento de la mesa, con el amparo y la legitimidad que da el contexto internacional. No se trata de, como algunos dicen, “gastar gasolina de avión”. En un escenario neutral y alejado de las balas que siguen disparándose (natural, este es un país en guerra), se dará respuesta a lo que muchos colombianos nos andamos preguntando: ¿cuándo van a hacerse las conversaciones? ¿Qué días? ¿Cuándo serán las declaraciones a la prensa? ¿Cómo se solucionarán los problemas que vayan surgiendo? Y las otras, que aún no han sido reveladas. En fin, se trata de una agenda de opciones, con almanaque en mano, para que Santos pueda cumplirle al país su promesa de la paz.

Esta fase es fundamental para fijar una mecánica seria. Además, es abrir la puerta, lo que implica que muy pronto el país tendrá noticias de los avances del proceso, asunto que es prioritario ya que las conversaciones no tendrían ningún tipo de legitimidad sin el apoyo, el respaldo y el conocimiento del pueblo colombiano. Lucho Garzón, entonces, deberá desde hoy alistar sus filas para que le haga honor a su cargo de consejero para el Diálogo Social.

Dos días estarán las partes cerca de Oslo fijando los puntos clave de la logística. Luego, el miércoles, los delegados internacionales leerán el comunicado oficial de esa agenda en varios idiomas. Y, finalmente, ambas partes atenderán a dos ruedas de prensa consecutivas para responder a los periodistas. Todos estamos, pues, atentos, ya que por fin se definirá el recorrido de un camino que, a todas luces, es el mejor para solucionar el conflicto armado colombiano.

 

últimas noticias

Medida necesaria, transición errada

De Pondores llegan símbolos de confianza