Los comentarios recientes del senador republicano Bernie Moreno sobre las elecciones en Colombia son una indebida injerencia en la democracia de nuestro país y un actuar indecoroso para una persona que ha prometido ser garante de nuestro proceso electoral. Quien vendrá a Colombia para prestar la necesaria labor de observación de los comicios no debería estar privilegiando a ciertos candidatos ni amenazando con sabotear las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y nuestro país. Esperamos un actuar más responsable si son serios los esfuerzos por brindar un apoyo a los colombianos.
Moreno, colombiano naturalizado estadounidense, es uno de los congresistas con más influencia en la Casa Blanca cuando se trata de definir la política sobre América Latina. En varias ocasiones, sus posturas han jugado en contra del presidente Gustavo Petro, con quien ha intercambiado públicos señalamientos despectivos. Como senador tiene, por supuesto, derecho a la libre expresión y a criticar lo que considere sobre el Gobierno colombiano actual. Lo que es preocupante, sin embargo, es que utilice su poder para buscar influenciar el voto de los ciudadanos. Un principio básico de diplomacia que suele ser respetado es que los funcionarios de otros países no intervienen en los procesos democráticos de forma irresponsable para no condicionar al nuevo gobierno, independientemente de quien gane.
Las declaraciones de Moreno son claras sobre sus preferencias. Refiriéndose a Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella, dijo en entrevista reciente que “los dos candidatos que yo diría que están alineados en su mayor parte, al amanecer del lunes 1 de junio, tienen que estar completamente unidos”. Más allá de eso, donde su intervención se vuelve problemática es al condicionar la relación entre Colombia y Estados Unidos. “Si Colombia, Dios no lo quiera, toma el camino equivocado, todos los malos actores que hoy están en Cuba, Venezuela y Nicaragua se trasladarán a Colombia”, dijo. También sugirió desconocer los resultados: “Si van a contar votos que son resultado de una clara intimidación, entonces no van a tener unas elecciones que la comunidad internacional, y desde luego los Estados Unidos de América, consideren libres y justas”. El senador ha sugerido que no se cuenten los votos de territorios donde hay disputas con los grupos criminales y presiones.
Negar las votaciones de poblaciones con presencia de grupos criminales sería bloquear la democracia colombiana y muestra un desconocimiento de las dinámicas históricas que ocurren en medio del conflicto. La solución no es dejar de contar votos ni tampoco favorecer la narrativa simplista de unas elecciones fraudulentas. Especialmente porque los liderazgos ciudadanos de esos territorios exigen ser escuchados y, sí, contados.
Senador Moreno, si sus deseos son respaldar la democracia de Colombia, es fundamental que sus declaraciones no sean más leña para el fuego de la polarización. La observación electoral no puede ser sesgada y la influencia sobre el electorado no es una estrategia aceptable. Los colombianos merecen respeto.
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