Sin inversión en ciencia no hay futuro

Qué inspirador y esperanzador sería un país que les dice a sus científicos, incluso en los momentos difíciles, que su sostenibilidad es una prioridad nacional. / Foto: Luis Ángel - El Espectador

¿Cómo se construye el futuro de un país que prioriza la defensa nacional por encima de la inversión en ciencia y tecnología? ¿Cómo se habla de una Colombia moderna, educada, productora de conocimiento y capaz de enfrentar retos complejos como el cambio climático y la automatización de los puestos de trabajo, si no hay un ambiente en el país para que la academia y la investigación sean proyectos de vida viables? ¿Cómo convencemos a los jóvenes de que apuesten por dedicar su mente al desarrollo nacional, si su sustento depende de que el precio del petróleo no se desplome?

Esas son las preguntas que deben plantearse ante la propuesta de presupuesto nacional que presentó el Gobierno en el Congreso. Si bien hemos entendido y defendido la necesidad de que la inversión estatal se apriete, resultado de la falta de visión en épocas de vacas gordas para ahorrar y así poder adoptar medidas contracíclicas, como lo ha explicado Salomón Kalmanovitz en El Espectador, es preocupante que los más afectados sean siempre los renglones donde está el futuro del país.

De esa manera, mientras el presupuesto de defensa y policía subirá 8 %, el sector agrícola verá un recorte del 28 %, el medio ambiente un 25 % y la inversión pública en ciencia y tecnología caerá 41,5 %.

Sobre esto último queremos centrarnos. El presupuesto asignado para ciencia y tecnología en el país pasaría de $320 mil millones a $222 mil millones el próximo año, la cifra más baja entre el 2010 y el 2018, como le explicó el profesor Gonzalo Andrade a Blu Radio. Colombia invierte solamente entre el 0,2 % y el 0,3 % del PIB para la ciencia y ese dinero se ha visto comprometido en escándalos de corrupción. También está fresco en la memoria el redireccionamiento de regalías, destinadas originalmente para ciencia y tecnología, que el Gobierno propuso usar para financiar infraestructura.

La reducción en el presupuesto, según le explicaron expertos a El Espectador, se podría ver reflejada en el congelamiento de nuevas becas para doctorados. El presupuesto para convocatorias de investigación también podría ser gravemente afectado.

Tal vez el mayor daño, no obstante, es el mensaje que esto les envía a los investigadores del país, que siempre han trabajado en condiciones precarias. El apoyo del Estado sólo está disponible, dice este presupuesto, cuando hay plata. Cuando no, importan más otros componentes.

El problema es que sin ciencia no hay futuro sostenible en Colombia. Con la revolución laboral que se aproxima en el futuro cercano con la automatización, por ejemplo, en el mundo los puestos de trabajo que quedarán se reservarán para personas capaces de producir conocimientos. ¿No deberíamos estar invirtiendo para que los colombianos estén preparados para esos retos?

Sí, hay desafíos enormes para implementar un plan nacional que ponga a andar la ciencia y la tecnología: las regiones han demostrado su ineficiencia en el aprovechamiento de los recursos y todavía no hay suficiente inversión privada para ayudar el impulso estatal, pero eso se soluciona con planes a largo plazo acompañados de apuestas de financiación que aumenten, no que sigan y sigan decreciendo.

Qué inspirador y esperanzador sería un país que les dice a sus científicos, incluso en los momentos difíciles, que su sostenibilidad es una prioridad nacional. Estamos convencidos de que esa es una inversión que daría muchos frutos a corto, mediano y largo plazo.

 

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