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Soluciones ineficientes para tragedias conocidas

29 de marzo de 2021 - 10:00 p. m.
Las noticias de los últimos días han sido angustiantes. Aunque la respuesta militar anunciada es necesaria, la historia del país demuestra que no es suficiente. / Foto: Alcaldía de Corinto
Las noticias de los últimos días han sido angustiantes. Aunque la respuesta militar anunciada es necesaria, la historia del país demuestra que no es suficiente. / Foto: Alcaldía de Corinto
Foto: AFP

¿Cuál es la estrategia para responder a la ola de terrorismo que se ha desplegado en las últimas semanas? La respuesta no puede estar desligada de una reconfiguración de la guerra contra las drogas. Después del atentado con un carro bomba en Corinto, Cauca, el presidente Iván Duque envió un mensaje al frente móvil Dagoberto Ramos y de paso a todas las bandas criminales: “Las vamos a destruir por completo, a la Jaime Martínez y a todas esas células de disidentes y a esa segunda Narcotalia, porque este país no se va a dejar humillar más del terrorismo”. Aunque la respuesta militar anunciada es necesaria, la historia del país demuestra que no es suficiente.

Las noticias de los últimos días han sido angustiantes. Enfrentamientos entre las disidencias de las Farc y el Eln en Argelia, Cauca, han llevado a que las personas se desplacen o tengan que estar confinadas en sus residencias. Lo mismo ocurrió unos días antes en Timbiquí, también en el Cauca, donde el consejo comunitario Parte Baja del Río Saija denunció que había más de 1.000 familias entre confinadas y desplazadas por culpa de los enfrentamientos. En Nariño, más de 800 familias en El Charco tuvieron que abandonar sus viviendas. La razón fue la misma. Finalmente, el Gobierno Nacional declaró calamidad pública en Arauca e instaló un Puesto de Mando Unificado (PMU) para atender a los cerca de 5.000 migrantes venezolanos que se han desplazado por los enfrentamientos que se han presentado en la frontera.

Aunque dispersos en el territorio colombiano, todos estos hechos tienen varios hilos conductores similares. En todos han participado grupos armados al margen de la ley que tienen fuertes lazos con el narcotráfico. Todas son zonas que históricamente no han contado con la suficiente presencia estatal. En todos la respuesta del Estado ha sido reforzar la presencia militar y prometer que así se detendrá la masacre. En el caso de Arauca, el ministro de Defensa, Diego Molano, incluyó a la dictadura venezolana en las responsabilidades, diciendo que “en Miraflores dan instrucciones de combate de forma selectiva a uno de los grupos”.

Compartimos el rechazo expresado por el Gobierno a todas las formas de violencia. Es descorazonador y cruel que hayamos vuelto a ver carros bomba, desplazamientos y confinamientos por culpa de grupos armados. “Estos actos cobardes contra la comunidad son imperdonables. Estos bandidos o se someten o los enfrentamos con contundencia”, dijo el presidente Duque. Esa es, sin duda, la actitud que debe adoptar el Estado colombiano. Sin embargo, detrás de la respuesta militar hay un gran fantasma: ¿qué hacemos con el narcotráfico?

La respuesta de este Gobierno al narcotráfico, similar a la de varios de sus antecesores, es la mano dura y el glifosato. Con esto se obtienen resultados pasajeros, pero el problema persiste porque la guerra contra las drogas ha sido una estrategia fallida, costosa y trágica. Mientras en el mundo avanzan proyectos de regulación y legalización de algunas drogas, en Colombia seguimos insistiendo en el glifosato creyendo que esa será la solución, tanto para el narcotráfico como para todos los males que viven los territorios alejados y abandonados a su suerte.

Los campesinos cocaleros, que se sintieron traicionados después del Acuerdo de Paz, insisten en que sus comunidades necesitan inversión y alternativas viables. Tanto más en estos tiempos de pandemia. Pero no parece haber voluntad de escucha. Si no hay un gran pacto nacional que cambie la percepción sobre las drogas y la mejor forma de combatirlas, vamos a seguir encerrados en un ciclo trágico. Ya hemos visto y seguiremos viendo las consecuencias.

¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a elespectadoropinion@gmail.com.

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Atenas(06773)30 Mar 2021 - 12:27 p. m.
Todo un galimatías mental hay en este confuso editorial. Dice lo obvio, el agente causal d esta violencia sin fin es la cocaína q' se produce aquí. Hecho q' se disparó desde el indigno acuerdo, pues fue verterle más combustible al incendio q' mucho se había apagado con URIBE, pero esto mucho le duele a EE admitirlo en su obsesión del toconUr y toconDu, entonces se viene con su cuento d siempre....
  • Atenas(06773)30 Mar 2021 - 12:40 p. m.
    Pruebas al canto. Innegable es cuán sesgado tornó este medio durante el proceloso e indigno pacto, q' hasta se le señala de recibir estipendios de quien tanta tóxica mermelada vertió, y se mece los cabellos según se infiere del editorial, y retuerce la lógica del análisis en su aserto d tal manera q' ni una mera alusión al doloroso secuestro y asesinato del agente del CTI le mereció.
  • Atenas(06773)30 Mar 2021 - 12:33 p. m.
    ....Q' del consumo en los países desarrollados y de sus políticas de legalización....blablabla mientras aquí nos devora ese infierno q' de alguna manera tenemos q' apagar, pues cierto es q' es imposible aguardar a tales debates insulsos mientras el paciente anda en cuidados intensivos. Hemos de proceder de una, estábamos advertidos de cuánto crecería esta carnicería y locos nos hicimos.
Jairo(2137)30 Mar 2021 - 10:23 a. m.
Claro hay plata para noticieros, para seguir despilfarrando por montones en contratos para los amigos del gobierno. Pero para la paz: pistola. Nunca a este gobierno le conviene la paz, lo mismo que a los militares inescrupulosos. Los premian con embajas. Y la gente honesta pague el dinero de impuestos. Así no se puede
  • Atenas(06773)30 Mar 2021 - 12:43 p. m.
    De comentarios anodinos, como el de Jairo, es q' se nutre la jauría. Así, sin mayor discernimiento, como soltar a la manada. No hay desarrollo de ideas, solo aullidos, es la generalidad.
Caliche(62305)30 Mar 2021 - 11:38 p. m.
"...detrás de la respuesta militar hay un gran fantasma: ¿qué hacemos con el narcotráfico?", se pregunta el editorial. El fantasma del presidente es el Ñeñe y el dinero del narcotráfico que lo llevó al poder.
ALBERTO(84624)30 Mar 2021 - 11:00 p. m.
Donde estan las fuerzas armadas de Colombia?. Si el enfrentamiento es entre bandas criminales, donde esta el EJERCITO?????????????????????'
Francisco(82596)30 Mar 2021 - 10:51 p. m.
Hola, amigos. La guerra contra el narcotráfico hace tiempo está perdida. Es increíble que el gobierno siga insistiendo en el glifosato y la bala para combatir el mal. Cumplir los acuerdos de paz, invertir en las zonas abandonadas, multiplicar la sustitución de cultivos ilícitos por cultivos menos rentables pero legales, abrir carreteras, abrir escuelas, proteger a los niños, a los indígenas, etc.
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