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Suenan las alarmas sobre la inteligencia artificial

El Espectador

05 de mayo de 2023 - 09:00 p. m.
El desarrollo acelerado de la inteligencia artificial ha dejado muchas preocupaciones y muy pocas respuestas.
Foto: EFE - WU HAO

El retiro de Geoffrey Hinton de Google, pionero de la inteligencia artificial (IA), señalando los peligros que esta encarna, se vincula a otros llamados recientes a escala internacional. Cartas de científicos e intelectuales se suman a la petición de gobiernos para que se postergue al menos por seis meses la salida al mercado de sistemas como el ChatGPT, mientras se miden sus consecuencias y se proponen medidas al respecto. La humanidad entró en un profundo cambio tecnológico sin mayor idea de las graves consecuencias que puede causar su uso. Se busca que haya desarrollo tecnológico, sí, pero con responsabilidad.

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En lo inmediato, una de las principales preocupaciones radica en que a través de internet se difundan sin ningún tipo de control fotos, videos y textos sin la posibilidad de saber qué es cierto y qué es falso. Ayer se anunció desde la Casa Blanca la inversión de US$140 millones adicionales con el fin de promover “una innovación responsable”, mientras que la vicepresidenta Kamala Harris tendrá reuniones con los líderes de las grandes empresas tecnológicas involucradas en el tema. Se trata de proteger los derechos y la seguridad de los usuarios con un “enfoque cohesivo y global de los riesgos y las oportunidades relacionados con la IA”. Ese es el tamaño del reto al que nos enfrentamos. “¿Qué pasará cuando una inteligencia no humana sea mejor que el ser humano promedio para contar historias, componer melodías, dibujar imágenes y redactar leyes y escrituras?”, se preguntó en un reciente artículo el historiador y filósofo Yuval Noah Harari. Tiene razón.

El retiro de Hinton se da en momentos en que expertos, las grandes empresas de tecnología de la información y los gobiernos tienen la responsabilidad de formular y encontrar respuestas a las muchas preguntas e inquietudes que se han venido formulando en medio de una creciente incertidumbre. Mil líderes tecnológicos e investigadores pidieron en una carta abierta un compás de espera en el desarrollo de los nuevos sistemas, dados los “profundos riesgos para la sociedad y la humanidad”, entre ellos Elon Musk, uno de los mayores inversores en desarrollar estas nuevas tecnologías.

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Hace unos meses apareció el ChatGPT, desarrollado por el laboratorio de investigación OpenAI, que se engloba entre los llamados chatbots o programas que responden a preguntas con alto grado de complejidad, que pueden escribir ensayos, cuentos o poesía, así como hacer dibujos e ilustraciones en cuestión de segundos. Con su salida al mercado se pondría en riesgo inmediato un alto número de puestos de trabajo y tendría un significativo impacto para el medio ambiente. La energía que consumen los potentes servidores donde se almacena toda la información existente, conocidos como “la nube”, se calcula que de momento está entre el 1 % y el 2 % del total mundial. Según los analistas, esta cifra aumentaría de manera alarmante, con el riesgo de contaminación que ello implica para el planeta.

Estos cuestionamientos se dan en medio de la carrera que desarrollan gigantes tecnológicos como Google o Microsoft por salir al mercado lo más pronto y con el mayor avance posible. El científico jefe de Google, Jeff Dean, dijo que siguen “comprometidos con un enfoque responsable de la IA. Estamos continuamente aprendiendo a comprender los riesgos emergentes al mismo tiempo que innovamos con audacia”. A pesar de que intenta explicar, no tranquiliza este comentario ante tantos interrogantes.

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Lo cierto es que urge un profundo análisis sobre los alcances, los peligros y las medidas destinadas a poner orden ante esta nueva realidad y sus efectos en la vida diaria. “Este texto ha sido generado por un humano. ¿O quizá no?”, así concluye su artículo en The Economist el pensador Harari. La misma lógica se podría aplicar a este editorial o a cualquiera de los escritos que aparecen publicados en los medios de comunicación o en las redes sociales.

¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a elespectadoropinion@gmail.com.

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