Taxistas resistentes al cambio

¿Por qué, si el cambio de los taxímetros busca eliminar uno de los principales motivos de desconfianza entre usuarios y taxistas, hay tanta resistencia al cambio? / Archivo EFE

Otro paro de taxistas en Bogotá que repite un guion demasiado conocido para los capitalinos: los mismos reclamos por falta de garantías, las mismas quejas contra las plataformas tecnológicas como Uber y Cabify, la misma pasividad de las autoridades en temas sensibles de regulación y los mismos disturbios que, con justicia, se roban los reflectores y empantanan el debate. Se añadió, no obstante, un factor nuevo: la protesta contra la modificación en el uso de taxímetros. ¿Por qué la resistencia al cambio por parte de los taxistas?

Las protestas de los conductores se centraron en seis puntos de Bogotá. Al cierre de esta edición, Transmilenio había reportado cinco articulados y dos alimentadores vandalizados. Además, se impartieron 110 comparendos, hubo cuatro detenidos por obstrucción de la vía pública y un vehículo inmovilizado. Las cámaras de televisión capturaron algunas agresiones contra taxistas que no se vincularon al paro, así como obstrucción del servicio a los usuarios.

Se ha vuelto, tristemente, necesario en estos editoriales tener que rechazar la violencia en las protestas. Fue refrescante, no obstante, ver a varios taxistas también protestando contra sus compañeros que recurrieron a las vías de hecho. Así es, ¿para qué enlodar justas reclamaciones con actos que toda la sociedad repudia? A las malas no se consigue nada.

Dicho eso, la protesta de los taxistas se sustentó en dos ejes: el uso de los servicios ilegales de transporte como Uber y Cabify, y la implementación de nuevas plataformas tecnológicas que reemplazarán los taxímetros en Bogotá.

Sobre lo primero, entendemos la frustración de los taxistas. Aunque, en efecto, servicios como Uber siguen operando de manera ilegal, esto se debe a una regulación que no responde a las complejidades prácticas del servicio de transporte. Prohibirlo no ha funcionado y, de hecho, se ha prestado para atropellos, como el cobro de tasas exageradas en esos servicios. ¿No es momento de pensar en expedir una regulación que proteja a los usuarios y legalice estos servicios para que la competencia con los taxistas no se dé en condiciones desiguales?

Germán Cardona, ministro de Transporte, dijo que “somos conscientes de que Uber es una plataforma hoy ilegal” y que “el día que los taxistas colombianos también estén usando estas nuevas plataformas seguramente no va a haber competencias con Uber ni ninguna otra plataforma”.

Esa posición sobre Uber parece ingenua, pues en efecto el problema de fondo no es la ausencia de alternativas tecnológicas, sino una serie de inconformidades que los colombianos tienen con los taxistas. Adoptar una plataforma no va a hacer desaparecer a Uber y similares.

Queremos, no obstante, centrarnos en la necesidad de adaptar las plataformas tecnológicas. Hugo Ospina, vocero de los transportadores, dijo que los conductores no cuentan con los recursos para hacer la transición a las tabletas. Ese argumento no es suficiente. Como explicó Catherine Juvinao, vocera de la Secretaría de Movilidad, el 55 % de los taxistas ya tienen dispositivos inteligentes y no han experimentado un aumento en los robos.

¿Por qué, si el cambio de los taxímetros busca eliminar uno de los principales motivos de desconfianza entre usuarios y taxistas, hay tanta resistencia al cambio? Si no se demuestra la voluntad de adaptarse a las nuevas tecnologías y las nuevas lógicas del servicio, estamos condenados a repetir el mismo paro año tras año. Hay que aprovechar las buenas ideas, como esta iniciativa del Distrito, para cambiar el servicio de taxis y empezar a recuperar el terreno perdido.

 

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