Un año del secuestro de la monja colombiana

El mensaje que puede enviar el Estado con este caso tiene un alto valor simbólico: sin importar dónde, los colombianos están solos y sus derechos van a ser protegidos. / AFP

Ayer se cumplió un año desde que siete hombres armados entraron a una casa de religiosas al norte de Malí y secuestraron a la monja colombiana Gloria Cecilia Nárvaez. La última prueba de supervivencia que se conoce parece haberse grabado en diciembre del año pasado, pero el caso está estancado. ¿No hay nada que pueda hacer la diplomacia colombiana para conseguir su liberación? ¿Estamos atados de manos ante el terrorismo?

En entrevista con El Tiempo, Édgar Narváez, hermano de la monja, contó que “ha sido un año de incertidumbre, de silencio total, de preguntas sin respuestas, un año muy difícil para la familia”. Además, denuncia que la familia se siente abandonada por las autoridades nacionales e internacionales: “Ni la Cancillería ni las embajadas nos han apoyado”. Ante una situación extrema tan angustiante, preocupa que las víctimas no sientan que el Estado colombiano está de su lado.

Desde que se supo la noticia del secuestro, la Cancillería colombiana dijo que comenzó todos los procesos posibles para lograr la liberación. La canciller María Ángela Holguín dijo que se contactó con el canciller de Malí, además se estableció una misión del Ministerio de Defensa y se entablaron conversaciones con organizaciones religiosas y ONG con presencia en el área. No obstante, no ha sido suficiente.

La situación es muy compleja. Los secuestradores han sido identificados como el frente Al Nusra para el Islam y los Musulmanes, una célula de Al Qaeda. Como explicó Holguín, “eso es parte de una organización que lo que pide es recursos para supuestamente poderle dar la libertad. Darles recursos a los terroristas para devolver, eso es un tema que es bien complejo y que la mayoría de los países no aceptan”.

Otro actor relevante es el Vaticano. En las pruebas de supervivencia que se han ido publicando, Narváez le pide al papa Francisco intervenir para obtener su liberación, lo que indica que el interés de los terroristas en obtener su atención. Durante la entrevista mencionada, el hermano de la monja se lamenta que sus intentos por contactar al papa han sido infructuosos, incluso cuando vino al país el año pasado.

Entre tanta frustración, quedan muchas preguntas. ¿De verdad no puede hacer nada más el Estado para lograr la liberación de una ciudadana colombiana en el exterior? ¿Por qué la familia se siente sola, si la Cancillería ha dicho estar encabezando el caso? ¿Será que ha faltado determinación, voluntad por obtener más atención a nivel internacional? ¿No pueden aprovecharse mejor los canales diplomáticos de Colombia ante el Vaticano y el mundo para lograr que Narváez sea liberada?

El mensaje que puede enviar el Estado con este caso tiene un alto valor simbólico: sin importar dónde, los colombianos están solos y sus derechos van a ser protegidos. La Cancillería ha logrado éxitos en este sentido, como en su manejo de la repatriación de los presos en China; pero su labor en el caso Narváez deja una sensación de impotencia. Esperamos que pueda hacerse algo pronto para que no tenga que pasar mucho tiempo más en cautiverio.

 

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