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Un Congreso diverso que requerirá mucho diálogo

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10 de marzo de 2026 - 05:00 a. m.
La conformación variopinta del Senado y de la Cámara muestra un país bien representado, aunque no se puede ignorar la fuerza persistente de las maquinarias.
La conformación variopinta del Senado y de la Cámara muestra un país bien representado, aunque no se puede ignorar la fuerza persistente de las maquinarias.
Foto: El Espectador
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Si las elecciones al Congreso fueron un referendo sobre la administración de Gustavo Petro, es comprensible el tono de celebración que hay en la Casa de Nariño. El Pacto Histórico se consolidó como la colectividad más votada en el país, no solo aumentando sus curules en el Congreso, sino demostrando que el proyecto político de la izquierda democrática tiene raíces profundas difíciles de ignorar. El otro gran elector fue el expresidente Álvaro Uribe Vélez, quien logró recuperar curules para el Centro Democrático y posicionar a su candidata presidencial, Paloma Valencia, como una de las más opcionadas para ganar las elecciones venideras. La conformación variopinta del Senado y de la Cámara muestra un país bien representado, aunque no se puede ignorar la fuerza persistente de las maquinarias.

Se equivocan quienes pretenden restarle importancia al triunfo del Pacto Histórico. Dicen que todo se debe a una mezcla de populismo y chequera estatal, mas no un genuino aprecio por la labor del presidente Petro. Si bien es cierto que medidas irresponsables como el aumento del salario mínimo ayudaron en el debate público y que la Casa de Nariño perdió la vergüenza sobre la intervención en política, su triunfo en el Congreso es tan contundente que no se debe deslegitimar. Pasar de 20 a 25 curules en el Senado y sacarle más de un millón de votos de ventaja al siguiente partido muestra que hay un número importante de colombianos que se sienten cómodos con el partido.

Esto demuestra que la apuesta por unificar la izquierda, sumada a la mezcla de candidatos influenciadores y políticos tradicionales, le salió muy bien a la Casa de Nariño. El fracaso rotundo de las listas de Fuerza Ciudadana y la impulsada por Roy Barreras enviaron un mensaje inequívoco: el Pacto, a sol de hoy, es el lugar para el votante de izquierda en Colombia. Haber recuperado su liderazgo en Bogotá (con casi 900.000 votos después del fracaso de Gustavo Bolívar en las pasadas elecciones a la Alcaldía) es un buen augurio para su candidato Iván Cepeda.

Lo anterior no quiere decir que la oposición esté muerta. Al contrario. A pesar del desgaste de su figura pública por los procesos penales en su contra y en contra de miembros de su familia y de su gobierno, el expresidente Álvaro Uribe demostró que sigue siendo un gran elector. Con una campaña donde pedían votos por “la de Uribe y los de Uribe”, el Centro Democrático marcó agenda. Pasaron de 13 curules en el Senado a tener 17, y Paloma Valencia sacó más de tres millones de votos en la consulta presidencial. Y en Cámara, Daniel Briceño, solo recibiendo votos en Bogotá, obtuvo la tercera votación individual más alta en la historia del Congreso de la República. Con el silenciamiento de María Fernanda Cabal y la distancia marcada ante Abelardo de la Espriella, el Centro Democrático ha convencido a muchos votantes de ser una propuesta de derecha razonable, más técnica e institucional que los aspavientos de la ultraderecha.

En el medio quedan volando los de siempre: el Partido Liberal, el Partido Conservador, el Partido de la U y esa colectividad extraña en la que se convirtió la Alianza Verde. Con la quemada de figuras representativas de cada uno de esos partidos, es urgente la pregunta de qué representan en realidad y dónde se pararán en un próximo gobierno. Podrán utilizar sus curules para ser determinantes al momento de construir alianzas. Mientras tanto, el “centro” político se diluye en su falta de estrategia e incapacidad de construir alianzas amplias. A pesar de que Colombia se autodenomina moderada, los liderazgos políticos del centro se diluyen en los personalismos sin estructura política.

El Congreso da un panorama interesante sobre nuestro país. Con polos bien marcados, pero también con una apuesta por la diversidad, lo que hace necesario el diálogo. Los candidatos a la Presidencia se deben dar por notificados: no somos una Colombia de imposiciones, sino de diálogo.

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