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20 Nov 2022 - 5:00 a. m.

Un ejemplo de lo que debe cambiar en la política

Un partido manejado al antojo personalista de su directora es un campanazo de alerta para la reforma del Código Electoral.
Un partido manejado al antojo personalista de su directora es un campanazo de alerta para la reforma del Código Electoral.
Foto: Archivo particular

Todo lo que ha ocurrido este año con el Partido Verde Oxígeno, dirigido por la excandidata presidencial Íngrid Betancourt, es un microcosmos de las razones por las cuales los colombianos han perdido confianza en el sistema de partidos y, peor aún, en la democracia colombiana. Un partido manejado al antojo personalista de su directora, que cambia de parecer a media campaña y luego estigmatiza a sus únicos dos congresistas elegidos, es también un campanazo de alerta para la reforma del Código Electoral que avanza en el Congreso y busca fortalecer los partidos a través de las listas cerradas. ¿Cómo evitar el entronamiento de los caprichos de unos pocos?

Lo último que ocurrió en el desastre del Partido Verde Oxígeno fue la decisión del 16 de noviembre del Consejo Nacional Electoral. En ella, los magistrados le explican al partido que la expulsión de sus dos congresistas, Humberto de la Calle en el Senado y Daniel Carvalho en la Cámara de Representantes, se hizo sin surtir el debido proceso. Palabras más, palabras menos, que fue hecha de manera intempestiva, sin seguir los mecanismos adecuados, y que ahora deben reintegrar a los congresistas.

Solo hay un problema: el Partido se declaró de oposición, mientras que los congresistas han actuado de manera independiente. Eso nos regresa a la raíz de la discusión. Tanto De la Calle como Carvalho lanzaron sus candidaturas dentro de la Coalición Centro Esperanza, fueron elegidos en tarjetones conjuntos con el Partido Verde y la propuesta que le hicieron al país fue la de representar ideales de centro sin entrar en conflictos absurdos ni oposiciones tercas. Sin embargo, Betancourt, que terminó peleada con la Centro Esperanza y después apoyaría la candidatura de Rodolfo Hernández, decidió a mitad de camino que su partido sería de oposición. Es una incoherencia: si los únicos dos candidatos del Partido fueron elegidos bajo una propuesta política clara, ¿qué legitimidad tiene un cambio después por capricho de la dirección del partido?

Por esa incoherencia fueron expulsados los candidatos y desde entonces Betancourt los ha amenazado con la doble militancia. En un trino donde respondía a una crítica de De la Calle, la excandidata presidencial dijo: “Ya que te gusta restar y no sumar, se te olvidó hacer las cuentas restándote a ti y a Carvalho del Partido… Y de pronto, del Congreso, por doble militancia”. Por donde se le mire, un desastre.

Más allá de los lamentables tires y aflojes entre el Partido Verde Oxígeno y sus congresistas, la discusión de fondo es cómo podemos evitar que estas circunstancias se presenten. Los colombianos ya tienen una desconfianza profunda de los partidos políticos, a los que ven como espacios poco democráticos, llenos de amiguismo y propensos a la corrupción. Cuando incluso ocurre en partidos pequeños que se vendieron como esperanzas de cambio en la forma de hacer política, es entendible la decepción del electorado.

Ahora que estamos en pleno debate del Código Electoral y listas cerradas, hay preguntas: ¿cómo evitar que esas listas se conviertan en espacios para el capricho y el amiguismo? ¿Cómo garantizar que los partidos no hagan campaña con unas ideas y las cambien una vez elegidos? ¿Hay forma de fortalecer la democracia?

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