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Un futuro de paz

JUSTO CUANDO LAS FARC LE ENVIAron un mensaje al presidente Santos, donde proponían sentarse a dialogar  y  en España el grupo terrorista Eta, tras sufrir la captura de varios de sus cabecillas, decide anunciar el cese unilateral de actividades militares, concluyó de manera exitosa en Washington una importante cumbre entre israelíes y palestinos, con la mediación de Barack Obama, que alimenta un moderado optimismo a futuro.

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El Espectador
05 de septiembre de 2010 - 11:00 p. m.
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Shimon Peres, actual presidente de Israel, decía que para llegar a la paz más importante que el cómo es tener con quién hacerla. La historia ha demostrado que, a pesar de las buenas intenciones, si no se hacen las negociaciones con las personas indicadas, y en el momento preciso, los diálogos pueden terminar en nuevas frustraciones que abren el camino a inciertos períodos de violencia y muerte.

En este caso específico la Casa Blanca vuelve a jugarse de lleno su solución. Las dos anteriores administraciones también lo hicieron, siendo Bill Clinton quien logró sentar frente a frente a Yitzak Rabin y Yassir Arafat. Sin embargo, los grupos radicales de lado y lado, la derecha israelí y los fundamentalistas de Hamás, dieron al traste con las posibilidades de llegar a acuerdos duraderos. Cada intento terminó con una Intifada o ataques a civiles israelíes y  en sangrientas ocupaciones militares de Gaza por parte de Israel, así como la instauración de un bloqueo a dicho territorio —del que participa Egipto—, el cual ha recibido el rechazo internacional.

¿Qué tiene de especial esta nueva oportunidad luego de tantos intentos frustrados? Se trata, en primer lugar, de una propuesta integral que ha lanzado Obama para la región en su conjunto. La misma incluye su retiro total de Irak; el triunfo militar contra los talibanes en Afganistán y el apoyo a Pakistán en este mismo esfuerzo; la contención de Irán en sus planes nucleares y de influencia regional, así como resolver el conflicto palestino-israelí con la creación de un Estado Palestino y garantizar al mismo tiempo la seguridad de Israel. En este último caso las gestiones del enviado especial George Mitchell parecen dar resultado luego de una serie de inconvenientes, el último de los cuales ocurrió cuando tropas de élite de Israel atacaron en alta mar un convoy que buscaba llevar alimentos a Gaza. Al día siguiente debía llevarse a cabo en Washington el encuentro que por fin tuvo lugar la semana anterior.

De otro lado, la vocería israelí está en manos de Benjamín Netanyahu, el primer ministro que representa a la derecha de su país y quien tiene la autoridad suficiente para llevar adelante las negociaciones directas con Mahmud Abbas, el presidente de la Autoridad Palestina, sin ser considerado blando o condescendiente. La posición de Abbas es más compleja. Como representante de la OLP, propensa al diálogo, tiene que compartir gobierno con Salam Fayyad, su primer ministro en representación de Hamás, luego de su triunfo en las urnas y quienes mantienen una abierta posición confrontacional con el Estado hebreo. Los temas a tratar en las reuniones quincenales son álgidos: el estatus de Jerusalén, ciudad que hasta ahora Israel ha considerado indivisible, pero al parecer se abre la posibilidad de aceptar su división. El derecho al retorno que asiste a miles de palestinos que viven refugiados en países vecinos, en especial en Jordania, y la definición de las fronteras definitivas de dicho Estado, así como los asentamientos judíos, sobre la base de la resolución de la ONU en 1947 que autorizó la división del territorio.

Lo único cierto es que en este, y en los demás casos, nunca es tarde para la paz. Y en la medida en que ésta se pueda lograr mediante negociaciones directas, en el entendido de que habrá que llegar a puntos de acuerdo que impliquen concesiones mutuas, es posible pensar, por fin, en un futuro de paz para la martirizada región de Oriente Medio.

Por El Espectador

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