Un país en bicicleta

Hasta el día de hoy, y desde el miércoles pasado, se celebra en Medellín el Cuarto Foro Mundial de la Bicicleta, el encuentro más importante que hay en el mundo sobre este medio de transporte, que lleva en su entraña la capacidad de reproducir (si así lo quieren los países y sus ciudadanos) una forma de movilidad sostenible.

La bicicleta es el futuro, así de sencillo. Prueba de ello es el uso generalizado, y exitoso, que se le da en varias ciudades del mundo sin tanta resistencia por parte de gobiernos y personas: está convirtiéndose, nada menos, que en un modelo dominante.
 
El foro tuvo como nacimiento un evento común a quienes usan este medio: el 25 de febrero de 2011 en Porto Alegre, Brasil, un hombre que conducía un VW Golf negro se llevó por delante a 20 ciclistas que participaban en un recorrido mensual llamado Massa Critica: la tragedia borró por un instante el respeto, el espacio urbano, que estaban pidiendo aquellos que fueron atropellados. La protesta fue inteligente: fundar ese evento anual que tuviera una importancia mundial. Así ha sido hasta el día de hoy, que lo celebramos en Colombia. Muchos son los insumos que podemos sacar de esta experiencia. Lo primero, claro, es el evento mismo: lo que queda de él. Esas redes complejas y complementarias de colectivos urbanos que buscan promover   una serie de conocimientos que sirvan como insumo general para aterrizarlos a realidades particulares. Está la parte académica, también: los documentos que hubo, las charlas que se dieron, las preguntas que se formularon,  todos útiles para conformar, por qué no, una propuesta seria de política pública, sobre todo para las ciudades intermedias que aún no conocen de avances en este campo. La cuestión debe estar, por supuesto, en que cada ciudad resuelva su problemática de movilidad a través  de una aplicación local de los conocimientos globales: de nada le sirve a Cúcuta copiar el modelo de Los Ángeles, California, si no aterriza los conceptos a las realidades locales. A sus necesidades, sus entornos y sus calles. 
 
Lo segundo es la ambición de nuestros gobernantes. ¿Hasta cuándo nos vamos a contentar con el modesto modelo que tenemos de uso de la bicicleta en nuestras ciudades? ¿Hasta cuándo tendremos un solo día sin carro, un solo día a la semana para la ciclovía y un puñado de ciclorutas estrechas y con obstáculos que, además, con el tiempo se han ido deteriorando?  
Como ha pasado en otros países, el hecho de que este foro se realice acá debe dejar el impulso para hacer más. Mucho más, por cierto. Tal y como nos dijo el consultor y activista Andrés Felipe Vergara, “no podemos seguir haciendo ‘ciclorruticas’”. El uso de la bicicleta es una salida viable a la que hay que darle todo el despliegue posible: no hablamos de imponer esa visión del mundo, pero sí permitir su expresión en el máximo nivel posible. Y eso solo se logra estructurando una política seria. Más canales para recorrer las ciudades, mejor seguridad en las vías (son muchos ya, demasiados, los casos de asesinato que tienen como móvil el hurto de la bicicleta), más cultura ciudadana aceptando y respetando esta opción, ayuda de las empresas (como duchas y facilidades para los empleados), parqueaderos amplios y de fácil acceso, precios accesibles para todos los estratos. Todo esto para que, ante su uso cada vez más frecuente, no se vuelva un problema de movilidad, sino una solución a corto plazo.
 
Llegó la hora de que esto deje de ser una moda. Bienvenidas al debate público, entonces, las conclusiones de este foro que hoy concluye.
 
 
 
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