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A sus 25, Yuvelis Morales Blanco obtuvo el Premio Goldman, que anualmente se concede a defensores de la naturaleza y medio ambiente. En este caso, el premio le reconoció una labor que la llevó al exilio. Su activismo comenzó desde que supo, en 2019, que el gobierno del entonces presidente, Iván Duque, ordenaría a Ecopetrol implementar en su pueblo –Puerto Wilches, Santander– los primeros proyectos de fracking. A modo de resistencia pacífica, Morales Blanco fue puerta a puerta informándole a los residentes de los riesgos de contaminación que la técnica de fracturación hidráulica suponía para el río Magdalena. Siendo una adolescente, lideró la movilización de su comunidad en Puerto Wilches, Santander, y cofundó la organización de jóvenes Aguawil, en defensa del agua y el territorio. Y fue, en parte, la presión de la sociedad civil la que llevó a que en 2022 Ecopetrol suspendiera los proyectos piloto, y a que en 2024 la Corte Constitucional confirmara que los proyectos habían violado el derecho de la comunidad afrocolombiana de Puerto Wilches a la consulta previa, libre e informada.
Yuvelis creció en una comunidad afrocolombiana para la que el río Magdalena es parte de su identidad, su vida y del cual depende su subsistencia. Vivía de la pesca de su padre y, cuando veía manchas negras en el agua, sabía que no iban a comer. Su familia vivía en la zona que, en 2018, fue afectada por el derrame del pozo Lizama 158 de Ecopetrol. Por eso, temía que algo peor ocurriera con el fracking, que inyecta bajo tierra arena y químicos a alta presión para fracturar rocas subterráneas y liberar los hidrocarburos. Las promesas gubernamentales de que se utilizarían tecnologías seguras y avanzadas no le resultaban confiables. Sin embargo, actores ilegales la amenazaron durante varios años para que detuviera su activismo. El pasado de Puerto Wilches está marcado por una disputa anterior por la obtención de riqueza de la tierra: allí, en el marco del conflicto armado, miembros del movimiento sindical de la industria de la palma de aceite –una de las principales actividades económicas del municipio– fueron perseguidos y asesinados por paramilitares que servían a los intereses económicos de las empresas que allí operaban, según registró el informe final de la Comisión de la Verdad. Cuando los violentos llegaron a su puerta, Yuvelis se fue a vivir a Barrancabermeja, luego a Bogotá y, finalmente, se exilió en Francia. Entre tanto, aunque en Colombia aún no se implementa el fracking, el próximo o próxima presidenta tendrá en su escritorio en la capital la posibilidad de decidir al respecto.
El premio Goldman es uno de los más relevantes a nivel internacional en protección del medio ambiente. Yuvelis Morales es la segunda colombiana en obtenerlo (la primera fue Francia Márquez, hoy vicepresidenta). Busca, en parte, dar visibilidad global a liderazgos locales que logran cambios significativos desde sus comunidades. Y, con esa visibilidad, ofrece a su vez seguridad para líderes amenazados. Siendo Colombia un país de excepcional biodiversidad y recursos naturales, es uno de los más peligrosos del mundo para protegerlos. Yuvelis Morales, sin embargo, es un ejemplo de la fuerza de las comunidades que, en colectivo, luchan por su territorio y por su futuro.
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