Un tema prematuro

Desde hace unas semanas Rafael Pardo, el director del Partido Liberal, ha querido posicionar sobre la mesa de la Unidad Nacional el tema de la reelección presidencial de Juan Manuel Santos. Así lo ha manifestado en todas las apariciones en prensa que ha hecho en los últimos días: para Pardo es esencial pensar a futuro y hablar sobre esta posibilidad política. En primera instancia, dice, el Partido Liberal lo apoyaría.

Apenas un año después del Gobierno que hoy dirige desde la Casa de Nariño, ¿cuál es la razón real para ponerse a plantear el tema desde ya? Es una motivación política, eso es claro, pero no se sabe específicamente a qué obedece. Si bien el Gobierno actual, uno tendiente a la conciliación y armonización de opiniones entre los poderes públicos, cuenta con un nivel de aprobación muy grande —esto, de acuerdo con las últimas encuestas—, ya ha encontrado sus primeros “peros” en grandes sectores de la opinión pública: los temas de la seguridad, la reforma a la justicia o la ola invernal son algunos de ellos.

Para Santos lo menos conveniente es que se discuta eso. No sólo porque él ya ha aclarado que la Unidad Nacional se hizo “para gobernar” y no para elegir a nadie, sino sobre todo porque el presidente no puede estar desde ya en la mirilla de todas las personas, como tratándose de un candidato haciendo propaganda. En eso se convertiría. Basta recordar los últimos meses del primer periodo de Uribe. Si bien la reelección inmediata del presidente es un tema que hoy día es permitido en Colombia, no puede ser más prematuro que Santos piense en ella cuando apenas echa a andar sus rodamientos.

A pesar de todo esto, el tema ya se está hablando. Por los oídos de Santos, lastimosamente, ya están rondando palabras a favor y en contra de su reelección. Lucho Garzón, el presidente del Partido Verde, se manifestó sobre este asunto en una entrevista que salió el día de ayer en el periódico El Tiempo. Dice que este tema electoral, en específico la aspiración individual de un hombre, no puede trascender a otros asuntos mucho más importantes en la agenda del Gobierno: la paz, la recomposición social, entre muchos otros. Para este “verde”, la Unidad Nacional representa, más que una estadía prolongada de alguno u otro, una agenda de largo aliento para arreglar los problemas endémicos de este país. Ejemplo de ello son la Ley de Víctimas, la de Tierras, las relaciones internacionales, la lucha frontal contra la corrupción, etcétera.

Creemos que acierta en su diagnóstico. Lo más inconveniente para esta nueva coalición de gobierno tan poderosa (tiene un consenso del 85% dentro del Congreso, lo que le da una amplia gobernabilidad) es pensar en temas electorales que pasarán dentro de tres años. Si de algo sirve esta unión de fuerzas es para debatir temas de la coyuntura que estén presentes hoy día y que puedan desenredarse con una larga actividad institucional. El tema debe limitarse más a la agenda que a las personalidades; por lo menos así lo pensó en primera instancia el mismo Santos.

Él, probablemente, y dependiendo de su mandato, deberá pensar en esa posibilidad que la Constitución en mala hora ahora permite: ¿pero para qué hoy? ¿Cuál es el interés, repetimos, de algunos sectores en que se empiece a discutir este tema desde ya? Juan Manuel Santos, un hombre que se caracteriza por ser un excelente jugador dentro del escenario político, acostumbrado a hablar cuando debe y a hacer uso de esas “buenas maneras” bogotanas que lo caracterizan, deberá apagar la humareda del tema con una simple receta: callar y hacerse el de los oídos sordos. No pensar en este tema hasta el momento oportuno. Debe dedicar sus fuerzas a gobernar sin miramientos electorales. Es, al fin y al cabo, lo más conveniente para él.

 

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