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Las cifras de pobreza multidimensional compartidas la semana pasada por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) muestran no solo que Colombia ha podido recuperarse del terrible retroceso que vimos durante los años de pandemia, sino que hay una tendencia histórica en la última década hacia la mejora de las condiciones de vida de los colombianos. Aunque persisten las inequidades ya diagnosticadas —como la informalidad laboral y la brecha entre el país rural y el urbano, entre mujeres y hombres—, los datos son un poderoso argumento para que la administración de Gustavo Petro construya sobre lo construido y que el relato pesimista nacional sea visto con cierto recelo.
Las cifras son contundentes: 1,4 millones de personas salieron de la pobreza multidimensional el año pasado. No solo eso, la reducción entre 2021 y 2022 del indicador fue de 3,1 puntos porcentuales, la más alta desde que se hace la medición. En el mismo sentido, el 12,9 % de pobreza multidimensional del 2022 nos regresa a tiempos prepandemia y también es el más bajo desde el 2010, cuando el DANE empezó a hacer este estudio. Por donde se le mire, es una buena noticia, que además se comparte a lo largo y ancho del país. Se trata, adicionalmente, de un indicador que va mucho más allá del ingreso, pues mide educación, salud, trabajo, bienestar de la niñez y condiciones físicas de vivienda. Podemos decir, entonces, sin temor a equivocarnos, que más colombianos viven mejor que hace una década y que Colombia tiene motivos para sentir esperanza.
Es particularmente importante que la reducción del índice de pobreza multidimensional la haya jalonado el regreso a la educación presencial, que en 2021 se vio demorado. La inasistencia escolar fue la que más se redujo de los 15 indicadores medidos a escala nacional (-3,2 %). También, el siguiente indicador en mejoría fue la ausencia de aseguramiento en salud (-1,7 %), un dato que el Gobierno Petro debería estudiar con cuidado. Que los avances se potencien con las reformas que se tramitan en el Congreso debería ser un objetivo de la coalición de Gobierno.
En ese sentido, hay señales de alerta. Primero, el caso particular del Vichada, que tiene una cifra tenebrosa del 75,4 % de pobreza multidimensional. Es necesario que el Gobierno Nacional intervenga de manera particular. A escala nacional, seguimos con 6,6 millones de personas que viven en la pobreza multidimensional, una tragedia que muestra el camino por recorrer y que empeora cuando se utiliza la lupa del enfoque diferencial: las mujeres y las personas que viven en la Colombia rural son las que más sufren. Finalmente, el DANE arrojó un 72,7 % de informalidad laboral en el país, lo que hace que las discusiones sobre la reforma que está en el Congreso parezcan lejanas de las realidades de los colombianos. ¿Cómo garantizamos derechos laborales si la abrumadora mayoría de personas no están en la economía formal?
Hay, por supuesto, mucho trabajo por hacer. Sin embargo, estas cifras del DANE muestran la importancia de tener un proyecto de país a mediano y largo plazo. La pobreza no se soluciona en un solo gobierno, por eso es fundamental no descartar lo que ha funcionado mientras se arregla lo que haya por corregir.
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