El contraste es claro. Hace unos años, Donald Trump utilizó uno de sus discursos para burlarse ante el mundo entero de una persona con discapacidad. El presidente de los Estados Unidos hizo mímicas, entre risas vociferantes de sus electores. Esta semana, en medio de la Convención Demócrata, un joven de trece años, Brayden Harrington, tomó la palabra para decir: “Joe Biden me dio la confianza para hablar a pesar de que tartamudeo”. El hoy candidato a la Presidencia por los demócratas también tiene un tartamudeo.
Dentro del marco de todo lo que está en riesgo en estas elecciones de Estados Unidos, esas dos anécdotas pueden parecer un detalle insignificante. Pero encapsulan la diferencia entre los caminos que tiene el país del norte, y el mundo entero, al frente. Trump defiende la ideología del matoneo, la burla, el aplastar a los enemigos. El presidente actual es la crueldad rimbombante que quiere endiosarse a sí misma y los cuatro años de su gobierno han dejado un país devastado, dividido y cada vez más agresivo.
Joe Biden propone la compasión como única respuesta para tener un futuro viable. Los demócratas fueron claros en su mensaje: Estados Unidos está jugando con fuego y ya ha empezado a quemarse. Así se corona el autoritarismo. Michelle Obama, ex primera dama, dijo que “si creen que las cosas no pueden ponerse aún peor, créanme, sí pueden, y se pondrán peor, si no hacemos un cambio en esta elección”.
Barack Obama, expresidente y usualmente prudente en sus intervenciones, apareció sombrío ante las cámaras. “Debemos estar a la altura de nuestra responsabilidad como ciudadanos: la de asegurarnos que los principios básicos de nuestra democracia perduren, porque eso es lo que está en riesgo en este momento: nuestra democracia”.
No son exageraciones. Trump ya dijo que debería poder reelegirse más veces de lo que la Constitución le permite. Todo su gobierno está trabajando para limitar la participación electoral de las minorías. Mientras tanto, sus aliados siguen viéndose atrapados en procesos judiciales por sus crímenes. La incompetencia y el amor por la seudociencia tienen al país más poderoso del mundo arrodillado ante el COVID-19, con más de 170.000 muertes y una curva que no se aplana. Como dijo Biden en su discurso sobre el manejo de la pandemia: “Trump sigue esperando un milagro, pero tengo noticias para él: no hay un milagro que nos salve”.
En su discurso de aceptación de la nominación demócrata, Biden contó su larga historia de duelo. La empatía que caracteriza su campaña nace de haber experimentado, una y otra vez, las tragedias que hoy acompañan a muchos estadounidenses: muertes inesperadas, pérdidas de trabajo... Mientras Trump elige gritar, dividir y restarle legitimidad a la Casa Blanca, Biden propone algo distinto y poderoso: que las instituciones son más importantes que las personas y que un presidente debe buscar representar a todos.
“Esta es una elección que cambia la vida; esto determinará cómo será Estados Unidos durante mucho tiempo”, dijo Biden. “La elección no podría ser más clara. Dejemos que la oscuridad estadounidense termine aquí, esta noche”.
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