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Una Cumbre satisfactoria

Concluyó la Cumbre de las Américas en Cartagena y, como suele suceder, las evaluaciones se concentran en ver el vaso medio lleno o medio vacío.

El Espectador

16 de abril de 2012 - 06:00 p. m.
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Que si no haber logrado una declaración política significó un fracaso o si, por el contrario, la perfecta organización lo dice todo. Paradójicamente, el mayor interesado en buscar la más alta nota, el presidente Juan Manuel Santos, puso una calificación que nos parece adecuada: satisfactoria.

En la rueda de prensa final, y con el deseo de ser claro respecto a lo que había sucedido al final de las sesiones de trabajo, Santos puso el énfasis en los temas políticos conflictivos, como Cuba, las Malvinas y las drogas, en los que no se llegó a consensos. Tampoco quedó claro en un primer momento si se había aprobado algo más o eso era todo. Desde esa perspectiva, las cosas no auguraban nada bueno al concluir por tercera vez una cita hemisférica sin declaración política, y, en este caso, sin siquiera aprobarse mandatos específicos. De ahí el pesimismo inicial y la pregunta obligada de si la reunión había sido un fracaso.

Con el paso del tiempo las cosas se fueron decantando y aclarando, y el propio presidente, así como la canciller Holguín, confirmaron que sí se habían aprobado los mandatos derivados de los cinco ejes temáticos: pobreza, atención de desastres, inseguridad ciudadana, infraestructura y acceso a las tecnologías. Su importancia radica en que de aquí saldrán los proyectos y propuestas concretas en estos campos que, con apoyo financiero del BID, el CAF y el Banco Mundial, deberán comenzar a ejecutarse. Es decir que aquí hay tela de donde cortar.

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A la vez, la realización de la Cumbre de Actores Sociales fue un éxito. Pero como lo manifestamos ayer, la misma no se puede quedar en golpes de pecho de los gobiernos ante una tarea pendiente. ¿Reflejan los mandatos aprobados, en parte, las aspiraciones de los asistentes? También hay que resaltar la Cumbre de Empresarios que, sin lugar a dudas, fue otro gran logro. El panel de la presidenta Rousseff y los presidentes Santos y Obama fue de una gran claridad y sinceridad. Se trataron aspectos vitales de cara al público y quedaron claras las visiones encontradas, pero respetuosas, que hay entre tres importantes países de la región. En este sentido, la idea de que las propuestas de desarrollo, la mejora de las situaciones de inequidad, pobreza y exclusión, la creación de empleo y otros aspectos igualmente significativos deben ser debatidos por todos los actores, llámense gobierno, sociedad civil o empresarios, fue sensata.

En cuanto a la relación bilateral con Estados Unidos, el haberle puesto fecha al inicio del TLC; lograr que se amplíen las visas a diez años, que más allá del término demuestra que en materia de confianza con el país del norte las cosas están cambiando para bien, y haber entregado unos títulos de propiedad que llevan el mensaje implícito de que hay un apoyo regional a la política gubernamental de restitución de tierras, son otros logros.

¿Qué faltó para que la cumbre fuera excelente? Un tema complejo que escapa al manejo de Colombia: hay una nueva América Latina, más el Caribe, que tiene visiones encontradas con Estados Unidos y Canadá sobre los temas de Cuba, las drogas y las Malvinas, y que se hace oír; dada la metodología de las cumbres las decisiones se toman por consenso y el veto de los dos países del norte va a continuar dividiendo y distanciando a la región, y no se ve una política clara de Washington hacia América Latina, a pesar del interés del presidente Obama de aprovechar la cumbre para enviar mensajes a los latinos en su país en medio de la campaña por la reelección.

Así las cosas, parece acertada la evaluación de Santos como “satisfactoria”. Colombia continúa posicionándose como un importante actor a nivel internacional y la pasada cumbre ayudó a fortalecer esa visión. Como lo mencionó el primer mandatario, ya no somos un país sándwich sino un país bisagra. Ese es un gran reto que tienes costos, pero a su vez genera grandes oportunidades.

Por El Espectador

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