25 Jan 2021 - 3:00 a. m.

Una remuneración justa y necesaria

El Espectador

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Desde hace varios años los medios de comunicación han enfrentado muchas dificultades para obtener ingresos de sus plataformas digitales, arriesgando su sostenibilidad, pero un acuerdo firmado la semana pasada por Google y la Alianza de Prensa de Información General (APIG) en Francia allana el camino hacia una distribución más justa de las ganacias en internet, en beneficio de los periódicos y las agencias de prensa.

Es la primera vez que el gigante tecnológico reconoce que debe pagar a las empresas periodísticas bajo una reciente legislación aprobada por la Unión Europea (UE), y ello podría tener importantes repercusiones para el futuro de los medios alrededor del mundo, en medio de una crisis financiera de vieja data que la pandemia solo ha agudizado.

Desde 2019, Google había eludido cumplir con una reforma europea sobre derechos de autor que lo obligaba a remunerar a los medios en Francia por la utilización de fragmentos de contenido en sus buscadores y agregadores de noticias. Aprovechándose de su poder, la empresa no solo se rehúso a pagar, sino que decidió retirar las vistas previas de noticias de los resultados de búsqueda, haciendo menos visibles a los periódicos que se negaran a permitirle seguir explotando gratis sus contenidos.

Tras las protestas de los medios franceses, que acusaron a Google de querer intimidarlos, en abril del año pasado las autoridades de ese país consideraron que la retirada unilateral de los fragmentos era injusta y perjudicial para la prensa, y podía constituir un abuso de posición dominante en el mercado. También dictaminaron que las partes debían negociar para llegar a un acuerdo.

En el pasado, algunos miembros de la UE como Alemania y España habían introducido disposiciones similares sobre derechos de autor en su legislación nacional, pero en esos casos Google obligó a los medios a ceder fragmentos de su contenido forma gratuita —y a enfrentarse entre sí por el tráfico— o cerró su servicio de agregación de noticias por completo.

Por esa razón, el acuerdo logrado la semana pasada sienta un precedente importante y es una victoria para la prensa europea, que había presionado mucho para obtener compensaciones justas por el uso de sus contenidos. El sector del periodismo conoce muy bien los efectos del monopolio de Google sobre las búsquedas en internet y la publicidad digital, pues impone sus propias normas y algoritmos mientras se lucra al mostrar anuncios junto a contenido noticioso por el que no ha pagado. Esto ha sido desastroso para el bienestar de los medios de comunicación y, por extensión, para la democracia.

Aún quedan muchas dudas por resolver sobre el acuerdo —por ejemplo, cómo se calculará la remuneración y cómo estos criterios aplican para cada medio en particular—, pero es una noticia que llega en buena hora para alimentar el necesario debate sobre el enorme poder que han amasado las empresas tecnológicas y las implicaciones que esto tiene sobre la competencia, la regulación en internet y la sostenibilidad de los medios de comunicación.

No puede hablarse de libertad de información si una sola empresa tiene tanto poder como para ocultar resultados de búsqueda y decidir a qué noticias y medios acceden los usuarios en internet. Como bien dijo Richard Gingras, vicepresidente de noticias de Google, durante la negociación del acuerdo, ayudar a las personas a encontrar un periodismo de calidad es “importante para la democracia informada y contribuye a apoyar una industria de noticias sostenible”. Así es, y esperamos que cumplan con ese compromiso.

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