Una semana para recordar

El grupo de memoria histórica se dedica a desarrollar líneas de investigación que hagan una narrativa del conflicto armado colombiano.

Esta labor comprende, sobre todo, visualizar casos importantes, generar memoria sobre ellos (un elemento de tan difícil consecución en Colombia) y darles voz a los individuos silenciados por las balas, esos que, sin una labor de este estilo, permanecerían en la marginalidad y el anonimato histórico. La historia se construye a partir de unos modelos dominantes que etiquetan lo que es “importante”, dándole trascendencia, eliminando de paso todo lo que no quepa en esa categoría. El esfuerzo de construir una historia paralela es, entonces, fundamental.

Este año se celebra la V Semana por la Memoria. A partir de hoy, hasta el 17 de octubre, se cubrirán los ejes temáticos que se desarrollaron durante el último año. La Semana por la Memoria es un espacio de discusión, de socialización de las investigaciones, de debate, de apreciación del arte que esté en concordancia con la filosofía del evento; es, en fin, una oportunidad para recordar.

Las investigaciones que acompañan esta celebración tienen que ver, en esencia, con tres situaciones: en primer lugar está el conflicto en el Cauca, por estos días ya por fuera otra vez de los medios pero siempre en eterno retorno, constituyéndose como una oportunidad para reflexionar sobre lo que allí sucede, las disputas por el territorio que se ejercen por cuenta del choque entre la presencia estatal, el dominio indígena y la nada indiferente realidad impuesta por la guerrilla.

También está El Placer –tal vez el caso más publicitado en la Semana, una especie de plato fuerte–, un municipio del Putumayo caracterizado por la violencia sexual que allí se ejerce contra las mujeres, asediado hasta el colmo de la violencia por grupos paramilitares, que han impuesto no solamente su régimen de violencia física sino también la apertura de burdeles y el dominio sobre las mujeres y sus cuerpos. Pero, además, la convivencia corriente con la coca, la mafia, las pirámides, en fin, un coctel aberrante de violencia de casi todo tipo.

Finalmente, se presenta el tema de Justicia y Paz, en un entendido global, con enfoques antropológicos y jurídicos, que buscan dar un norte en temas de justicia transicional, reparación a las víctimas y restitución de tierras. Un tema oportuno del que se espera una serie de propuestas que puedan redundar favorablemente en el proceso de paz que tenemos a la vista y que, por el bien de todos, debe llegar al mejor término posible.

La Semana tiene la finalidad de “crear conciencia nacional sobre las dimensiones del conflicto”, de acuerdo con el director de Memoria Histórica, Gonzalo Sánchez. Los temas que se desarrollaron parecen cubrir, en efecto, esas partes del conflicto que no se tienen tan presentes. La idea es, pues, invitar a la acción: no sólo a la reflexiva, que tiene que ver con el entendimiento de las distintas situaciones, sino también a la ejecución de políticas públicas una vez los temas se han puesto sobre la mesa. El Gobierno tiene esa tarea, ya que la articulación institucional que tiene con el Grupo es muy grande.

El deber nacional de la memoria es un mensaje que debe calar de manera gradual en los colombianos. Un conflicto secular como el nuestro necesita de este ejercicio, sobre todo cuando aguardamos, esperanzados, el fin de una parte importante de él.

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