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Veinte años de mecenazgo

ÍÑIGO LÓPEZ DE MENDOZA, MEJOR COnocido como el Marqués de Santillana, fue un noble acaudalado del siglo XV, a ratos político y a ratos militar, pero sobre todo un extraordinario mecenas español.

El Espectador

05 de mayo de 2009 - 06:00 p. m.
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Le gustaba rodearse de humanistas y apoyaba con generosidad las artes y las letras. Como poeta compuso con sencillez y dulzura serranillas, cantares y decires de arte menor. Su biblioteca era una de las mejores de su tiempo. De este notable Hombre del Renacimiento tomó su nombre la Fundación Santillana para Iberoamérica, que por estos días está cumpliendo dos décadas de apoyo a la cultura, las letras y las ciencias colombianas.

Desde su fundación en mayo de 1989, hoy hace veinte años, la institución ha sido presidida con sabiduría y discreción por Belisario Betancur, quizá el ex presidente de Colombia que, tal vez por ser un conservador de espíritu más abierto y liberal que el de muchos liberales, es el que menos animadversión y más cariño despierta entre esos “muebles viejos” en que dicen que se convierten los ex presidentes de la República.

No sería muy arriesgado decir que quizá el mismo ex presidente Betancur se haya basado en la propia biografía del Marqués de Santillana para moldear estos años en que, retirado de la vida política partidista, se ha dedicado con constancia al apoyo generoso de la cultura. Se dice que el Marqués de Santillana “como político, procuró, a partir de 1422, inmiscuirse lo menos posible en los asuntos de Estado y mantener a lo largo de su vida la fidelidad al Rey. Ello le llevó a enemistarse primero con los infantes de Aragón en 1429, al no apoyar su invasión de Castilla en el verano de aquel año; y más tarde, a partir de 1431, se enemistaría con el privado real Álvaro de Luna; aunque no por ello volvería a militar en el bando de los Infantes”.

 Algunas enemistades y desacuerdos habrá tenido el ex presidente Betancur con infantes y privados del Gobierno colombiano, y a veces hasta con el mismo Rey, pero sus intervenciones han sido siempre discretas y moderadas, más en busca de la paz y de la concordia que del disenso, y esto es algo muy valioso en un país tan inclinado a los extremismos y a la constante intemperancia del verbo, cuando no incluso de los actos. Si quieren buena una idea para los años de retiro, que pueden ser muy largos y fructíferos, los presidentes y ex presidentes colombianos deberían mirar con cuidado lo que ha hecho Betancur en estos veinte años dedicados a la cultura, el mecenazgo y la benevolencia. Porque otros —para decirlo con unos versos memorables del Marqués de Santillana— parecerían “ya del todo haber perdido / saber, seso y discreción”.

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Un país como el nuestro requiere de muchos proyectos de altruismo y generosidad cultural. Con el apoyo de una empresa española firmemente instalada en nuestro país, la Fundación Santillana ha hecho mucho por difundir las artes, la literatura y las ciencias, mediante exposiciones, conferencias, seminarios, presentaciones de libros, ediciones y conciertos. Además de esto, la Fundación concede un premio para escuelas y maestros, como una forma de apoyar y estimular proyectos educativos que mejoren el nivel educativo de los colombianos.

 El Espectador se une, entonces, a las celebraciones e invita a los empresarios colombianos, así como a los dirigentes políticos que ya hayan cumplido con sus funciones, que miren a esta institución y a este ex presidente singular como ejemplos para una vida activa, útil y constructiva después de la jubilación.

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