Venezuela: dialogar o no dialogar

Los antecedentes de diálogo en Venezuela están marcados por sucesivos fracasos que tuvieron un único ganador: el gobierno. / Fotos: AFP

Venezuela vuelve a pasar por otro de esos momentos críticos en los que las partes mueven sus fichas en medio de la incertidumbre reinante. El diálogo, que siempre es la mejor alternativa para solventar situaciones de crisis como la que vive el país vecino, representa varios retos en este momento. Podría convertirse en una salida viable o, como todo parece indicarlo, en una nueva frustración para los opositores.

La presión internacional de ciertos sectores, en especial del llamado Grupo Internacional de Contacto conformado por países de la Unión Europea más Uruguay, Costa Rica y Ecuador, ha llevado a que el presidente encargado, Juan Guaidó, acepte enviar tres delegados a Oslo a reunirse con dos representantes de Nicolás Maduro. Cerca de cumplirse cuatro meses desde que se recrudeciera el enfrentamiento entre la oposición y el régimen, algunos sectores vieron con cauto optimismo este nuevo intento por darle una salida a la crisis a través de “conversaciones”. Es decir, que no se trata de un diálogo formal, sino de explorar opciones para ver si es viable pensar en algo más concreto a futuro. La idea de hacerlo en Noruega se debe a la larga tradición que tiene dicho país en ambientar este tipo de encuentros, tal y como sucedió en el caso del Gobierno y las Farc aquí en Colombia.

De momento, lo único que se sabe es que el propio Guaidó mencionó que este encuentro inicial cuenta con su aval, lo mismo que hizo Maduro. Por el lado de la oposición, el diputado Stalin González, el exdiputado Gerardo Blyde y el exministro Fernando Martínez Mottola iniciaron este acercamiento con el vicepresidente, Jorge Rodríguez, y Héctor Rodríguez, gobernador del estado de Miranda. Aunque no ha trascendido mayor información, dado el secreto con que se adelantan estos contactos, lo cierto es que le da un nuevo respiro al gobierno ilegítimo y a la oposición le permite retomar la agenda de actividades que lleven a una transición que pasa por la salida de Maduro y la pronta convocatoria de elecciones libres, amplias, incluyentes y con supervisión internacional.

Esta movida parece generada tras los pobres resultados obtenidos por el presidente encargado el pasado 30 de abril. Ese día, el llamado hecho por Guaidó para que un alto número de militares se pasaran al bando opositor fracasó. De otro lado, la convocatoria a que sus seguidores salieran masivamente a las calles tampoco se cumplió. El cansancio y el escepticismo de la gente, que amenaza su permanencia como cabeza de la oposición, terminaron de abrir la puerta a esta nueva etapa. De esta manera se cumple con los principales requisitos para que las partes acepten sentarse a la mesa a conversar: la mutua incapacidad de lograr imponerse frente al adversario y la certeza de que tarde o temprano la crisis terminará por ahogarlos.

Hasta ahí todo parece tener lógica. Sin embargo, los antecedentes de diálogo en Venezuela están marcados por sucesivos fracasos que tuvieron un único ganador: el gobierno. En cada caso lo único que se logró fue quitarles presión a las protestas en la calle, debilitar a los líderes opositores y burlarse de aquellos que sirvieron de garantes, incluido el Vaticano, pues nunca se cumplieron los compromisos adquiridos. Por este motivo, sumado al hecho de la ilegitimidad del régimen, hay sectores que han expresado un gran escepticismo frente al posible resultado.

Uno de ellos es el secretario general de la OEA, Luis Almagro, quien ha mantenido férrea oposición contra Maduro. “Todo esfuerzo de alguna manera tiene que ser reconocido (pero…) esto no es un conflicto, esto es una dictadura y se trata de cómo se sale de una dictadura, no de cómo se media en un conflicto. Entonces ese acercamiento de Noruega al tema es un acercamiento equivocado, porque esto no es un tema de conflicto entre dos partes, esto es cómo se devuelven las garantías fundamentales a la gente…”, dijo Almagro en una reciente entrevista. Estamos de acuerdo. Una solución para Venezuela no da espera.

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