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19 May 2022 - 5:00 a. m.

Washington se flexibiliza frente a Cuba y Venezuela

Levantar las sanciones es una medida adecuada para destrabar los diálogos de paz en Venezuela, pero puede ser problemática. / Imágen de referencia: Reuters
Levantar las sanciones es una medida adecuada para destrabar los diálogos de paz en Venezuela, pero puede ser problemática. / Imágen de referencia: Reuters
Foto: REUTERS - Handout .

El gobierno de los Estados Unidos suavizó las sanciones adoptadas con respecto a La Habana y Caracas, para retomar un nuevo camino que, espera, lleve a ambos países a mejorar sus estándares democráticos, de derechos humanos y, en el caso de Venezuela, retomar el diálogo con la oposición que conduzca a elecciones legítimas. Es una apuesta significativa, que se anuncia un par de semanas antes de la Cumbre de las Américas, a la cual Washington no ha invitado aún a estos dos países, ni a Nicaragua.

Con respecto a nuestro vecino, la Casa Blanca ha dicho que se trata de unos cambios menores, en especial con respecto a la posibilidad de que la petrolera estadounidense Chevron, que mantiene operaciones en Venezuela, pueda buscar nuevas licencias para exploración y explotación. Se han cuidado mucho en aclarar que esto no implica una apertura a la compra de petróleo de dicho país. En esencia, ahora se espera que el régimen de Nicolás Maduro retome a la brevedad posible el diálogo con la Plataforma Unitaria en México, el cual cuenta con la facilitación de Noruega. Ya hubo una primera reunión exploratoria entre Jorge Rodríguez, el delegado gubernamental, y Gerardo Blyde, representante opositor. Las negociaciones se habían suspendido a finales del año anterior, luego de que Maduro anunciara su retiro de la mesa tras la extradición de Álex Saab a Estados Unidos.

El hecho de que el diálogo gobierno-oposición se retome es de por sí una buena noticia. La situación en Venezuela se encontraba en un callejón sin salida, luego de los infructuosos intentos por lograr su retorno a la democracia. Como un acto de realismo político, la administración Biden da así un paso importante. Sin embargo, cualquier otro avance estará sujeto al cumplimiento de los acuerdos por parte de Maduro. Si hay avances perceptibles, que realmente permitan avanzar en el desarrollo de unas elecciones libres, con garantías y observación internacional, así como una mejora en los derechos humanos, se podrían adoptar otras decisiones que alivien las actuales sanciones.

Infortunadamente, la autocracia del país vecino ha sido pródiga en aceptar el diálogo cuando se siente acorralada y luego, cuando se fortalece, desestima cualquier acuerdo y se radicaliza aún más. La dividida oposición también ha modificado su posición y dio paso a la creación de la Plataforma Unitaria, que reúne a diez partidos o movimientos, aumentando la participación de los cuatro grandes que venían concentrando las decisiones opositoras. El reto, por ahora, es encontrar un candidato de unidad que logre aglutinar el gran descontento popular contra el régimen.

Con respecto a Cuba, Biden retoma la senda de apertura y cambios que inició Barack Obama, pero fueron revertidos en su mayoría por Donald Trump. El restablecimiento de vuelos comerciales y chárter, la suspensión del límite del envío de remesas, que estaba en US$1.000 trimestrales, así como retomar el programa de reunificación familiar, permitirá que se vuelvan a expedir un promedio de 20.000 visas anuales. No es una apuesta fácil, dado que ya hubo críticas en el Congreso. Tanto el senador demócrata Bob Menéndez como Marco Rubio, su colega republicano de Florida —ambos muy influyentes en la definición de políticas hacia América Latina—, han formulado muy duras críticas a las medidas anunciadas. Ambos representan comunidades cubanas importantes. Según Menéndez, se corre “el riesgo de enviar el mensaje equivocado a la gente equivocada, en el momento equivocado y por todas las razones equivocadas”.

De momento, ambos anuncios con respecto a Cuba y Venezuela son recibidos con moderado optimismo. A pesar de las buenas intenciones de Washington, tan solo los hechos futuros podrán indicar si los pasos adoptados van a tener un efecto positivo dentro de dos gobiernos que han desestimado la institucionalidad democrática y violan los derechos humanos como política de Estado.

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